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Segesta, la armonía hecha piedra

viernes 09 de julio de 2010, 19:37h
La sugestiva fotografía enmarca la portada de una de las innumerables guías turísticas que sobre Sicilia se han editado: un templo griego que flota sobre un campo cuajado de hermosas flores amarillas. Segesta es el nombre del templo, y junto con el teatro, es uno de los escasos vestigios que quedan de la antigua ciudad del mismo nombre cuyos orígenes se remontan al siglo XII a.C. y que fue helenizada en el momento de máximo apogeo del imperio griego.

No son restos significativos desde el punto de vista numérico para una ciudad de la importancia que tuvo en la antigüedad. Sin embargo, el templo de Segesta es una de las ruinas más evocadoras y uno de los monumentos más recomendables de Sicilia. No son muchos los templos que quedan en píe de la excepcional civilización helénica. En la Grecia actual son media docena: Atenas, Delfos, Sunión, Egina, Olimpia. Sin embargo, Italia, la llamada Magna Grecia, cobija en su suelo una porción importante del legado cultural y artístico de la civilización que creció bajo la Atenas de Pericles. De hecho, las mejores ruinas, las más excepcionales, se conservan en Paestum, en el golfo de Salerno, y en Agrigento, Selinunte, Taormina, Siracusa, en tierras sicilianas.

La guinda a esta excepcional gesta cultural y artística la pone Segesta, un templo perdido en mitad de la agreste y desolada naturaleza siciliana, en una zona poco poblada situada en la parte noroccidental de la isla, a 50 kilómetros de Palermo. No es fácil dar con Segesta. Tras abandonar la autopista que une la capital con Trápani, y después de transitar por pequeños pueblos rurales, la carretera serpentea entre colinas cubiertas de hinojo y margaritas hasta que en lo alto de un cerro empiezan a vislumbrarse unas piedras doradas por el sol. Son las ruinas de Segesta, de origen incierto, si bien las leyenda considera que la ciudad fue fundada por los Elímos, pueblo de raíces anatólicas. Enfrentada históricamente a Selinus, la actual Selinunte, tuvo una vida turbulenta en permanente lucha contra griegos, cartagineses y la ciudad-Estado de Siracusa. Destruida en varias ocasiones, la paz y la concordia llegaron con los romanos que la mimaron gracias a su gran importancia estratégica ya que desde el alto en la que se construyó se dominaba y protegía el golfo, en la actualidad conocida como Castellmmare, fundamental para la entrada de mercancías a la isla. En el siglo V. d.C. fue definitivamente destruida por los vándalos.

Ya en la zona arqueológica, desde el aparcamiento hay que subir una larga y empinada escalera, desde la se adivinan imponentes columnas. El premio al esfuerzo físico es el templo que sorprende e impacta. En medio de montañas, sobre una colina a 311 metros sobre el nivel del mar, rodeado por una profunda garganta, fue construido en el siglo V a.C., entre los años 430 y 420, fuera de las murallas que rodeaban la ciudad, en un paraje rupestre que irradia una magia sobrecogedora.

Producto estándar del siglo V a. C., de estilo dórico, levantado sobre una base rectangular de 60,95 metros de largo por 20,40 de ancho, con un peristilo de 36 columna regulares de piedra blanca que sostienen un arquitrabe liso y sin friso, y dos frontones que carecen de la típica decoración con metopas y triglifos. Tampoco las columnas están decoradas. Son lisas, en bruto, sin las estrías características del dórico. Cuenta con un estilóbato con escalera y los tabuladores utilizados para levantar los bloques están todavía presentes en la base. La estructura del templo está intacta, aunque no cuenta con una nave interior ni tiene tejado ni cella. En realidad nunca los tuvo. El de Segesta es un templo sin acabar. Nunca fue completado.

Maravillosa Segesta, donde se puede admirar el más grandes y mejor conservado de los templos griegos que existen. Un ejemplo de armoniosas proporciones, de belleza, de elegancia, que desprende paz y sosiego. Su buen estado de conservación se atribuye a su aislamiento y al hecho de no haber sido profanado debido a que nunca se terminó su construcción. En conjunto, Segesta es uno de los templos helénicos mas importantes de los que sobreviven, el mejor de Sicilia.

Más arriba, bajo la sombra del monte Bárbaro, dentro de las murallas que rodeaban la acrópolis, otra notable ruina es el teatro griego, descubierto en el siglo XIX. Excavado en la roca natural, del siglo III a. C., con capacidad para tres mil espectadores, está muy bien conservado seguramente por los mismos motivos que el templo. Desde las gradas las vistas son deslumbrantes: la armónica fisonomía del templo, el hermoso valle donde se asienta, y el sosegado azul Mediterráneo que baña de Castellmmare del Golfo, hoy un pequeño pueblo de pescadores, antaño el puerto de Segesta.

Isabel Sagüés

Periodista

Isabel Sagüés es periodista y MBA en Administraciones Públicas y Master en Comunidades. Ha dirigido entre otras entidades culturales sin ánimo de lucro la Fundación Canalejas y la Fundación ICO

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