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Un insulto al pueblo

Fernando L González
sábado 10 de julio de 2010, 16:04h
Los palos de Hacienda, los tributos y los despidos siempre nos causan heridas a los mismos, zarpazos que van dejando su cicatriz y muchos rasguños. Mientras se nos curte y acartona la piel a base de sequía salarial, recortes de sueldo y cargos a cuenta, otros no hacen más que cuidarse echándose caras cremas hidratantes con el afán de rejuvenecer ante las cámaras para compungirse mejor ante ese “mal de muchos...” que dicen que es la crisis global. No entiendo como éstos que se dejan llevar excesivamente por el individualismo y buscan enmascaradamente su enriquecimiento personal, no dejan de tener cabida en el corazón de los ciudadanos, pagadores de impuestos, tasas, multas… y sufridores de crisis. Parece como si esa metro-sexualidad deportiva de David Beckham o Cristiano Ronaldo tuviera un fiel reflejo en ciertos sectores sociales y políticos que acarrean una metro-sexualidad intelectual, que alaba al listillo, al espabilado, al que burla la ley: Los culpables, por ejemplo, de conocidos casos de corrupción como el de la dirección de la Guardia Civil, los fondos reservados, el Boletín Oficial del Estado, el Banco de España, La Cruz Roja, etc… tuvieron, por desgracia, fans y seguidores en este país. Se siente un cariño especial si además se ha llegado a dar el pelotazo surgiendo desde más abajo, como el caso de Julián Muñoz o El Dioni.

El agraciado con la simpatía popular es digno de estudio si además presume de sus logros y hace ostentación de ellos, todo un potentado. Muchos no pueden resistir la tentación de sacar pecho, de exhibir y mostrar músculo, tal y como lo hace cualquier futbolista al quitarse la camiseta tras meter un gol. Es el peor trago para sus detractores pero el regocijo para esos seguidores que les alimentan con su aliento. Unos ánimos que les motivan a seguir tirándose a la piscina cuando pueden simulando faltas o penaltis para despistar al juez-árbitro y a la audiencia. Como en el mus, se van contando puntos “por chi-cuela”: Relojes, coches, fincas, áticos…, y lo peor ‘ej-que’ se les hace la vista gorda. Es tanto el fanatismo que despierta para algunos la imagen del ídolo, que su aparición en los medios puede llegar a significar todo un acontecimiento planetario. Pero solo los más osados pueden equipararse a Maradona, llegando al extremo de tener licencia para tocar fondo y seguir siempre en la cresta de la ola. La actual eliminación de su selección con un nefasto tropezón frente a Alemania reflejado por un rotundo 4-0 en el marcador es un ejemplo más de cómo el pueblo aficionado, que no la afición, ciertamente insultado por el resultado, le pide que siga, le canta y le corea: "Aguante Diego" y "No se va, el Diego no se va"…

Llega un momento en que nuestro panorama político está lleno de incidentes que pueden considerarse agravios al ciudadano; está de moda. Nicolás Anelka perdió el respeto e insultó, ya sea con o sin testigos, a su seleccionador francés Raymond Domenech durante el mundial de fútbol. Atacas y muerdes a quien te da de comer, a quien te da la oportunidad de representar a la selección de su país, a quien te convoca para ir al mundial, a quien te ofrece la posibilidad de revalorizarte y de jugar. El pasado 20 de Junio los jugadores de la selección francesa participantes en Suráfrica se cubrieron de gloria presentando una carta con su renuncia a entrenar. México les había ganado 2-0 y habían empatado con Uruguay. El resultado, motín a bordo, y como cabeza de turco aquél que sacó el incidente fuera del círculo del equipo; algunos se lo han tragado sin reparar que la realidad es simplemente que los ‘jugadores’ franceses no aceptaron digerir estas derrotas ni su mal juego. Todo un insulto a la República Francesa, a los medios y a sus compatriotas que, por clamor general, exigieron responsabilidades y han empujado al presidente Sarkozy para conseguir consecuentemente la dimisión del presidente de la Federación Francesa de Fútbol.

La verdad es que políticamente en España se siguen perdiendo partidos incluso fuera de temporada y el mensaje al público, aficionado, sigue siendo: “usted anime aún más fuerte y sobre todo, aunque cueste más cara la entrada, siga viniendo que algún día ganaremos”. Aseguran que no somos Grecia y que el esfuerzo, que según de La Vega con la subida del IVA, no es significativo, es lo que cuenta; no reparan en que muchos españoles rozan la ruina y ya no les queda a penas aliento para soplar la vuvuzela. Pero partido tras partido nos siguen presentando con una gran sonrisa, como lo hacía Mayra en el Un-Dos-Tres, ¡damos la bienvenida, con un fuerte aplauso a los sufridores!

Es posible que en este Mundial, la selección española de fútbol nos de un alegrón, un “subidón”, y que hagamos historia. Sería el primero en celebrarlo desde el éxtasis y el orgullo, pero siento desengañar a algunos, en estos tiempos, lo haré exclusivamente desde el terreno deportivo.
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