El zapaterismo se echa al monte en Barcelona
domingo 11 de julio de 2010, 11:15h
En un Estado de Derecho, las resoluciones judiciales se acatan. Puede discreparse con ellas, siempre que se haga desde los parámetros del respeto institucional. Pero lo que resulta de todo punto inadmisible es salir a la calle para rebelarse contra ellas. Y si quien lo hace no sólo es un servidor público sino que además se parapeta tras eslóganes de corte secesionista, peor aún. Quien ayer hizo esto fue la plana mayor de la clase política catalana, encabezada por el Presidente de la Generalidad, José Montilla. Que se sepa, el PSC no es un partido con entidad propia -por más que lo parezca-, sino que forma parte de un todo que es el PSOE.
Por eso, llama poderosamente la atención el hecho de que uno de los dirigentes socialistas -presidente de comunidad autónoma y, por tanto, una autoridad del Estado, al mismo tiempo- como José Montilla confronte públicamente contra una institución tan importante como es el Tribunal Constitucional, sin que nadie en su partido diga nada al respecto. Sólo José Blanco, quien por unas horas volvía ayer a su rol de martillo pilón de la derecha para acusar al PP de todos los males de la sociedad catalana. Una sociedad que, por lo demás, está bastante harta de tanta convulsión política en torno a ella, y lo que quiere es vivir en paz, sin tanto sobresalto.
“Somos una nación” y “tenemos derecho a decidir” fueron las dos consignas elegidas por los organizadores. Y no les faltaba razón. Cataluña, junto con otras 16 comunidades autónomas más Ceuta y Melilla conforma una nación que es España y en la que todos tienen derecho a decidir. Lo hacen cada cuatro años, en las elecciones legislativas. Y tanto vale el voto de un gallego como de un riojano o un catalán. Ello es así porque todos viven en una nación común de ciudadanos libres e guales que es España y, en base a ello, si una parte de esa nación quisiera la secesión, habría que consultar a todos los españoles y no sólo a unos pocos. El problema es que atizar este tipo de cuestiones nunca ha traído nada bueno y quién más lo está haciendo es el señor Zapatero, tanto por acción como por omisión. Y decimos Zapatero porque la mayor parte del electorado socialista es internacionalista y tiene muy pocas simpatías por aventuras nacionalistas. Por eso, como militantes y políticos socialistas sensatos no pongan coto a tanto desafuero, la situación puede empeorar aún más.