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La mejor España

lunes 12 de julio de 2010, 08:34h
Nunca hasta hora una selección española de fútbol había llegado tan lejos. Tampoco un pueblo, el español, cainita con demasiada frecuencia y más dado a ahondar la zanja que separa las dos Españas que a tender puentes para superarla. Pero once deportistas han logrado lo que parecía imposible: poner de acuerdo a un país entero en torno a un sentimiento común de alegría y unos colores, los de la bandera, que ayer se exhibían como nunca -y, por fin, sin complejo alguno- por cualquier rincón. El golazo de Iniesta no sólo le daba a España su primer mundial, sino una satisfacción colectiva indescriptible.

Salvo cuatro o cinco nacionalistas, rencorosos –como es propio de esa mala condición- toda España ha vibrado con el éxito de un equipo que magistralmente dirigido por Vicente del Bosque, ha sabido capitalizar las emociones de un país entero. Como quedó ilustrado por el abrazo entre Casillas y Puyol, ayer no se era de izquierdas o de derechas, ni siquiera del Madrid o del Barça; se era de la selección española, y se sentía el orgullo de ser españoles. Sin etiquetas ni distinciones. Por una vez, una España abrazó a la otra, demostrando que el entendimiento en lo sustancial es posible, si hay voluntad de por medio. España necesitaba una alegría semejante y hoy toca exteriorizarla como merece la ocasión. Porque el triunfo de la selección es el triunfo de todos. Igual que el de Rafa Nadal o el de Pau Gasol -ambos presentes en el partido con sus banderas incluidas. O tantos otros que han llevado al deporte español a lo más alto del mundo. Y en todos ellos, un denominador común: trabajo, sencillez, organización, perseverancia, inteligencia y espíritu de superación. Valores que bien merece la pena potenciar.

La selección y sus seguidores han sido ejemplo de lo mejor de España por su juego y por sus reacciones, alegres pero comedidas, como ilustran las modestas y objetivas declaraciones de Vicente Del Bosque. Todo ello, es una buena representación de la nueva sociedad española, joven y optimista, libre y tolerante, bien intencionada y mejor preparada, alegre y sin complejos pero también ausente de soberbia y altisonancia. Ayer, no sólo el buen juego, el fair play y el saber ganar con señorío –es decir, con medida y contención- fueron españoles. En suma, un cuadro positivo que sólo emborrona la clase política.
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