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La reaparición de Fidel Castro

miércoles 14 de julio de 2010, 00:06h
Los siete primeros “disidentes” políticos –léase, opositores en países libres- excarcelados por La Habana llegaban ayer a Madrid con dos mensajes muy claros. El primero, que estos presuntos “gestos” del régimen castrista se deben únicamente a la presión que han ocasionado la muerte de Orlando Zapata y la huelga de hambre de Guillermo Fariñas. El segundo, que en la Isla ya empiezan a oírse con más fuerza nuevas voces que piden cambios. Lamentablemente, ninguna de esas voces pertenece a la actual gerontocracia que sigue rigiendo los destinos de Cuba. De hecho, hace pocos días volvía a aparecer en público Fidel Castro, pero de la liberación de presos políticos, ni palabra.

Lo cual viene a significar que todo sigue prácticamente igual en la Isla. A las autoridades cubanas no les ha quedado más remedio que realizar un gesto a la galería, pero de ahí a atisbar cambios inmediatos va un abismo. Por eso, no se entiende muy bien el triunfalismo del ministro Moratinos ante los últimos acontecimientos. Provocados, sin duda, por el coraje de hombres como Zapata y Fariñas, y por los buenos auspicios de la iglesia cubana. Pero no, como dice Moratinos, por los buenos oficios de la genuflexa política española hacia Cuba. Nada ha cambiado; básicamente, porque no hay voluntad de que nada cambie. El discurso de Fidel es buena prueba de ello. Y la actitud de las autoridades cubanas al no derogar las leyes que violan derechos fundamentales como la libertad de expresión -entre otros muchos-, más de lo mismo. Bienvenidas sean las excarcelaciones. Pero hace falta que no quede una sola persona en Cuba privada de libertad por el mero hecho de atreverse a disentir del castrismo. El día que eso suceda, podrá decirse que algo ha cambiado en Cuba. Pero no hasta entonces.
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