reseña
Janice Y.K. Lee: La maestra de piano
sábado 24 de julio de 2010, 14:50h
Janice Y.K. Lee: La maestra de piano. Traducción de Gema Moral Bartolomé. Salamandra. Barcelona, 2009. 352 páginas. 19 €
Como en la bella ópera de Puccini Madama Butterfly, la trágica historia de amor interracial entre un joven americano y una rica heredera china en la época del Hong Kong colonial sirve de argumento en la primera novela de Janice Y.K. Lee, La maestra de piano. Nacida en dicha isla oriental –aunque cursó sus estudios en Estados Unidos y trabajó como editora en una revista en Nueva York–, la autora demuestra el profundo amor por su país y el conocimiento de sus costumbres y la vida en sociedad.
Construida entre dos décadas distintas, la trama va hilvanándose poco a poco, según transcurren los capítulos. El esplendor de Hong Kong en la época moderna, bajo el gobierno británico en 1951, contrasta con la destrucción y la miseria de la ciudad durante la guerra de ocupación japonesa diez años antes, en 1941. Janice Y.K. Lee se centra en el reducido círculo de la alta sociedad de la colonia que se ve privado de sus lujos y privilegios durante la contienda pero que consigue, al fin, sobreponerse con estrategias –en ocasiones– indignas para su condición, en una feroz lucha por la supervivencia. Una década después, Claire Pendleton, una joven maestra de piano, llega a la isla durante el renacimiento de la ciudad y quedará fascinada por un ambiente tan ajeno a sus orígenes.
La autora relata cada escena con detalle, cuidando los matices: la calidad de los vestidos, el color del pintalabios, la opulencia de las fiestas… Dentro de un carrusel de personajes destaca la delicadeza con la que dibuja a las mujeres, recreándose en el alma femenina y en los sentimientos, en ocasiones encontrados, de sus bellas protagonistas… Consigue imbuirnos en cada pasaje como si de la más conmovedora película romántica se tratara: Rebeca, Sayonara, Bailando con lobos… El amor, la pasión, el desengaño, la desesperación, la nostalgia…, se suceden según avanza esta historia hábilmente construida.
Al cerrar el libro, traducido ya a diecinueve idiomas, puede uno imaginar, sin esfuerzo, al apuesto Will Truesdale en su casa con las puertas siempre sin cerrar, al malvado Otsubo, a la bella y caprichosa Trudy o a la inocente Claire, inmersa en la fascinante vida social de la colonia china.
Por Patricia Flores