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RUBALCABA, PRESIDENTE DEL GOBIERNO

sábado 24 de julio de 2010, 18:07h
He escrito en varias ocasiones que Zapatero no se presentará a las elecciones si las encuestas le son desfavorables en el otoño del próximo año, tal vez antes. Si le respaldaran, entonces sí se presentará. En estos días, el presidente dadivoso se muestra atribulado porque el grupo mediático tradicionalmente próximo al PSOE postula ya su liquidación y el encumbramiento de un nuevo líder. Hace unas semanas publiqué en El Mundo el artículo que reproduzco a continuación:

      “Se cachondean de él en toda Europa. Le hacen burla en media España. Le cuestionan sectores cualificados de su propio partido. Zapa-tero es un cadáver político “que se descompone en su madriguera mon-clovita entre incesantes rumores”. Barones cualificados del PSOE le han exigido que haga un Gobierno de pesos pesados para taponar el corredor que conduce a Rajoy a una victoria aplastante. Dijo que sí y dijo que no. Como siempre. Es el rey de la ambigüedad, el emperador de la contradicción, el César de la incoherencia. Conoce las conspiraciones internas desencadenadas contra él y teme un Consejo de Ministros en el que políticos de envergadura se lo coman crudo. Prefiere lidiar con las claras inteligencias de las Elenas, las Bibianas, las Malenis.

      Lo que no sabe Zapatero, aunque tal vez lo sospecha, es que el grupo mediático adicto, harto de sus ocurrencias, jodido por la traición perpetrada con un periódico y un canal audiovisual, exasperado por la falta de atención preferente, ha urdido una crisis interna en el PSOE que desembocaría en el nombramiento de Alfredo Pérez Rubalcaba como presidente del Gobierno y de Pepiño Blanco como secretario general del Partido. Es una maniobra arriesgada, de largo alcance, de complicada definición.

      El ministro del Interior, que rubalcabea mejor que regateaba su admirado Piru Gaínza sobre un campo de fútbol, se ha desmarcado de semejante operación. Son muchos, sin embargo, los que creen que en su momento estaría dispuesto a sacrificarse por la patria en el puesto que Zapatero podría verse obligado a abandonar si las catástrofes se adensan. Ciertamente, el presidente dadivoso es un cadáver político. Pero está de cuerpo presente. Y no será fácil enterrarlo. Las Malenis, Teresas, Bibianas, Leires y Elenas quieren seguir en su entorno, como plañideras mayores del reino.

      Aseguran los expertos que España se tambalea en las fronteras del desmoronamiento. Por fortuna, el Partido Socialista Obrero Español dispone de políticos serios que quieren evitar la caída, impedir el naufra-gio, mantener en pie a la nación herida. Zapatero se esforzará por demo-rar su cadaverización, con un resultado aceptable en las catalanas, razo-nable en las autonómicas y municipales, para alcanzar la meta del año 2012 y medirse de nuevo con Rajoy, al que ha derrotado en dos ocasiones. La disidencia interna del PSOE quiere evitar las largas cambiadas de rodillas de este Zapaterito de la Moncloa. Las navajas cachicuernas brillan en alto. El grupo mediático adicto ha tomado las riendas de la caballería y, escoltado por los espoliques de turno, se dispone a cercar al palacio de invierno en el que trina Sonsoles.

      El espectáculo deslumbra. Su fulgor ilumina portadas radiantes con Rubalcaba convertido en la esperanza verde de la regeneración socialis-ta, mientras Blanco palmea el rabel de Leire Pajín para enviarla a su casa alicantina. Entre tanto, Mariano Rajoy sonríe beatíficamente, aromado por el incienso de Soraya y Dolores, y sin enterarse de nada. O de casi nada, porque hay cosas que están tan claras, tan claras, que hasta Bibiana Aída las entendería.”
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