En los próximos días casi 15 millones de españoles (y extranjeros) van a saturar nuestras carreteras en el mayor éxodo del año. Hasta que finalice Semana Santa va a escuchar miles de mensajes sobre el viaje; sobre recomendaciones a la prudencia y a la sensatez. Todos los mensajes deben ser atendidos. Pero no se agobie, que no es tan grave la cosa. Y para desdramatizar un poco el viaje, pero con toda la seriedad del mundo, lea también estos consejos IMPARCIALES. Seguro que le servirán de reflexión ¡Buen viaje!
Salga a la hora que le venga bien, en función de su descanso y sus posibilidades. Es imposible predecir con un mínimo de lógica las horas de mayor densidad de circulación. No haga caso ni de los consejos de Tráfico ni de los que el año pasado llegaron en un pis-pas sin atascos ni retenciones. Cada año cambia y nadie sabe a ciencia cierta por qué. Así que salga cuando le de la gana y cruce los dedos para que esa no sea la hora en que se le ha ocurrido salir a su vecino.
No ahorre en peajes. Especialmente, en las autopistas alternativas. Suelen estar más despejadas. Claro que si todo el mundo sigue este consejo, entonces se colapsarán. Pero “de momento” es algo que no suele ocurrir. En cualquier caso, el coste de los peajes frente a lo que nos cuesta el combustible y los gastos extras de las vacaciones, es una nimiedad.
Si necesita poner el coche a punto para salir a carretera, más vale que no salga: es usted un peligro.
El coche debe estar SIEMPRE en buen estado. Pero no está de más que al menos revise las presiones de los neumáticos. Recuerde que es preferible hincharlos con MÁS presión a quedarse cortos. Un neumático JAMÁS revienta por exceso de aire y si puede hacerlo por estar poco inflado. Si no se lo cree también es mejor que no salga a la carretera; se lo agradecerá mucha gente.
Procure relajarse. Conducir no es nada extraordinario y no tiene por qué ser nada peligroso. Los percances ocurren por inatención o por excesos. Si no comete ninguno de estos dos errores, las posibilidades de que le ocurra algo son ínfimas. Aproximadamente las mismas que las de asfixiarse mientras come. También este hecho debe creérselo, aunque haya gente empeñada en convencerle de lo contrario.
La conducción relajada, con los automóviles actuales y en autovía o autopista, produce somnolencia. Si además es después de comer, el sueño puede aparecer sin que lo perciba. Y tan peligroso como el sueño es el despiste.
No intente luchar contra el sueño o la fatiga. Ni el café ni el paseíto sirven de mucho. Piense en la posibilidad de que conduzca otra persona, aunque todos sabemos que usted es mucho mejor conductor.
Viajar de noche es una alternativa perfectamente válida. Pero no haga experimentos. Si no tiene costumbre, déjelo para otra ocasión. Procure llevar las luces bien reguladas. En un viaje medio de 400 kilómetros, unas luces mal reguladas o mal utilizadas pueden deslumbrar a cientos de miles de conductores. Si además es con luces de xenon, el deslumbramiento coloca a otros usuarios cerca de una situación de peligro, o en una verdadera situación de peligro. No lo olvide.
Si viaja con niños, convierta la ruta en algo agradable. No descarte la posibilidad de hacerla instructiva y divertida, deteniéndose en algún lugar en el que puedan disfrutar o aprender. Viajar es algo más que desplazarse.
El sol al amanecer y al atardecer produce deslumbramientos complicados. Los parasoles de los coches están para reducirlos, pero no siempre los evitan. Es cierto que la estética no le favorece mucho, pero una visera le proporcionará mas ayuda que el parasol ¡Siempre que no la lleve como los raperos!
Hay algunos consejos de orden práctico que tampoco están nada mal. Por ejemplo, que
lleve un segundo juego de llaves. Perder las llaves a 400 kilómetros de casa es un engorro y se nos queda cara de tontos.
Salir con el coche lavadito y fresco ayuda a conducir más relajado. Ya sabemos que llegará sucio (el coche, claro), pero total son un par de euros y también se lo agradecerán los pasajeros.
Ya que hablamos de pasajeros, piense en ellos.
No atiborre el habitáculo con paquetes y bultos que además, son peligrosísimos en caso de frenazo. Si necesita más maletas, envíelas antes por otro medio de transporte o reduzca su vestuario, que tampoco es para tanto. Salvo casos de amor imposible,
los animales de compañía es preferible dejarlos al cuidado de otras personas o en instituciones. Viajar con el perro, el canario o la anaconda, por mucha gracia que nos haga en el destino, es un engorro. Incluso para la anaconda.