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Cuba, el museo del comunismo

lunes 02 de agosto de 2010, 22:58h
Cuando uno llega a Cuba, lo primero que piensa después de ver tanta destrucción es “al menos todo será gratis”. Pero la realidad es otra, en Cuba nada es gratis.

Únicamente la libreta de abastecimiento mensual, que no da para más de una semana, cuesta tan solo 25 pesos cubanos (un dólar) y el resto del mes uno se enfrenta a la lucha diaria de conseguir comida, que existe, pero en su mayoría dentro de otro mercado que requiere otra moneda, la Moneda Dura, los Fulas, los Chavitos, el Se-u-se, el Dolal, la Divisa…

La caída del bloque comunista, único proveedor (benefactor) de alimentos, tecnología y energía, hizo sumirse al país en un terrible “periodo especial” donde las tiendas estatales con precios subvencionados y asequibles en pesos cubanos pasaron a estar prácticamente vacías. Cuando Cuba dejó de mamar de la teta del campo soviético, se vio realmente como era, un país sin industria, sin agricultura, sin infraestructura y sin ningún medio de subsistencia.

El hambre y la escasez obligó a crear un mercado paralelo, una red de tiendas estatales en dólares americanos, con precios superiores incluso al de cualquier país y que a su vez desemboco en la aparición de esta nueva moneda, El Peso Convertible o CUC, que sustituiría al dólar. Esta nueva moneda, que equivaldría a 25 pesos cubanos, consigue al cambio escasa rentabilidad si tu salario asciende a 400-600 pesos (20-30$).

De esta manera el gobierno conseguía recaudar de manera más eficiente esos dólares que de todas formas caerían en sus manos, el único empresario del país, Papá Estado.

Esos dólares provenientes de remesas familiares en su mayoría de Estados Unidos, constituye hoy en día el verdadero sustento del gobierno y del cubano de a pie. Y ha generado una nueva clase social, los que “no pasan necesidad”, que sobreviven gracias a este otro mercado en “fulas”.

Y en la isla, la única manera de conseguir los suficientes “chavitos” para sobrevivir, si no tienes un familiar en Miami, es convertirte en un delincuente, en un perseguido, en un fuera de la ley.

Y cuando digo delinquir no me refiero a robar al Estado (que por supuesto ocurre con asombrosa normalidad en una sociedad que lo acepta como medio de subsistencia), me refiero a un pueblo que decide empezar a crear riqueza por cuenta propia, cansado después de 50 años esperando a que Papa Estado crease la sociedad perfecta, comienza a trabajar a espaldas del mismo.

Solo una pequeña lista de actividades pueden solicitar licencia y pagar impuestos a un gobierno que se resiste a aceptarlos como motor y solución al fracaso económico del país y por tanto les somete a impuestos y condiciones imposibles de cumplir, con la esperanza de desalentar la iniciativa privada y continuar en su hegemonía como único empresario. Llegando incluso a instalar el mismo negocio justo en frente del osado y a precios inferiores.

En Cuba generar riqueza esta prohibido, y cuando digo riqueza no me refiero a inmensas fortunas sino simplemente destacar un poco, está penado.

El “cuenta propia” que alcanza el más mínimo éxito es investigado, asaltado, expropiado, humillado públicamente y finalmente condenado. Como muestra un botón.

Juan Carlos, promotor cultural y dueño del paladar “El Hurón Azul”, habitual de importantes artistas cubanos y extranjeros, incluso miembros destacados del gobierno como el ministro de cultura Abel Prieto podían ser vistos disfrutando de una tradicional comida cubana
Uno al ver estas fotos http://www.slideshare.net/pomairino/huron-azul no logra entender donde está el delito, ¿no se debería apoyar y favorecer este tipo de ciudadano? y el escarnio público de difundirlas mediante la maquinaria propagandística ¿logrará frenar a los próximos emprendedores?

Lo que a vistas de cualquier sociedad sería un ciudadano honrado, un profesional, un autónomo, un empresario, en Cuba es un delincuente, un observado, un antirrevolucionario en potencia, un capitalista, un esbirro del imperio, un gusano de la sociedad creador de desigualdades.

La envidia se está apoderando de un pueblo que siempre se pregunta como su vecino pudo conseguir eso.

Aparece la figura del “chivatón”, personaje odiado y conocido en cada barrio que denuncia las supuestas ilegalidades y que casi siempre militante del Partido Comunista tiene también su propia actividad ilegal.

Frases como “ese negocio explotó”, “lo echaron palante”, “le cayeron arriba”, “lo chivatearon” son la comidilla de un pueblo parado en las esquinas sin hacer nada por miedo a ir “cana” (a la cárcel). Intentar sobrevivir conlleva la ilegalidad.

Por eso para el cubano robar no es robar, es luchar, es inventar, es sobrevivir, es ponerle un plato de comida a tu hijo todos los días y leche después de los 7 años, es conseguir que tu sobrino pueda hacer deporte con “tenis” (deportivas), es poder comprarle una lavadora a tu abuela, es poder rehabilitar tu casa porque el ultimo huracán se llevó el techo y el Estado te ha puesto uno de fibrocemento que volará como un papalote (cometa) en el próximo huracán.

En Cuba se unen dos desgracias, el ego del gobernante perpetuo y el comunismo, un sistema alienante, que absorbe tu energía de vivir, tu capacidad de crear, de ser emprendedor y encima “se pasa un hambre de pinga”.
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