Desde que hace algo más de un año en el Discurso del Trono de 2009, el rey Mohamed VI de Marruecos exigiera eficacia y resultados a su diplomacia, el ministerio que dirige Tayeb Fassi Fihri está en plena mutación. Los cambios afectarán a todas las representaciones diplomáticas marroquíes en el mundo, y en particular a los países vecinos entre ellos España.
Es necesario y urgente dotarse de una diplomacia "firme en los principios, pragmática en su actitud, eficaz en los medios de acción y tangible en sus resultados". El soberano marroquí fue tajante. La diplomacia de parada, de prestigio individual, de la rutina y el nepotismo debía quedar atrás. Desde que en 1956 el reino adquiriese su independencia de Francia y España, el aparato diplomático sirvió las directivas del Palacio real, y era el refugio ideal para altos funcionarios y familiares de dirigentes y del entorno palaciego. Puestos fáciles, salarios sin techo y honores gratuitos.
Hace cuatro meses, El Imparcial publicó un artículo sobre la restructuración de la
diplomacia alauita. Hoy este proceso se ha acelerado. El Jefe del Estado del país vecino ha puesto el acento en "hacer frente al desafío de la multiplicación de riesgos y amenazas de carácter regional y global (terrorismo, extremismo, actos de piratería, criminalidad transfronteriza, tráfico de armas, narcotráfico, cambio climático)".
La "perestroika" diplomática incluye "establecer nuevos puentes de comunicación..,. con los actores de la sociedad civil nacional e internacional". Un ejemplo lo tenemos en España. El reino marroquí ha tenido enormes dificultades desde hace tres decenios en hacer oir su opinión sobre el conflicto del
Sahara Occidental. La sociedads civil española apoya en su aplastante mayoría « el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación ». Los funcionarios y diplomáticos marroquíes se han mostrado indolentes e impotentes para frenar esta avalancha de solidaridad son el Sahara. Pero también han caído en la rutina. El Majzén tiró prácticamente la toalla en intentar convencer a la sociedad española de sus posiciones.
Al rey Hassan II no pareció importarle este estado de cosas. Su hijo,
Mohamed VI, en cambio ha decidido hacer frente. Y ha obligado al aparato diplomático a renovarse. El nombramiento de un nuevo embajador Ahmed Souilem, y de un nuevo Consejero politico, Bougaheb El Attar, ha dado nuevos frutos. En la reciente fiesta del Trono celebrada en la residencia del embajador en Madrid, han asistido más de medio millar de invitados. Los nuevos diplomáticos, además de hacer conocer las propuestas y ofertas marroquíes, saben escuchar. "Hay que saber intervenir en el debate de ideas en la arena internacional y regional », subrayaba el periódico oficialista Le Matin en un artículo dedicado al cambio en la política exterior. Y como ejemplo, el cotidiano ponía el acento en « una diplomacia económica eficiente".
Marruecos se dotará por primera vez desde hace medio siglo de una
Academia de Estudios Diplomáticos en cargada de formar politicos y embajadores. Algo que existe desde hace mucho en los países europeos. Pero el aggiornamento tendrá que superar aún la rutina burocrática y la mentalidad conservadora. El desafío está lanzado, pero los resultados no son aún visibles.