Katherine Pancol: Los ojos amarillos de los cocodrilos. Traducción de Juan Carlos Durán Valero. La Esfera de los Libros. Madrid, 2010. 552 páginas. 21,90 €
Joséphine con un pelador de patatas en la cocina; Antoine jugando una partida de ajedrez con un
Martini blanco en la mano. Así comienza esta universalmente aclamada historia en un pequeño barrio obrero a las afueras de París en pleno siglo XXI.
Poco a poco irán añadiéndose nuevos personajes, que irán cruzando sus vidas hasta formar un enjambre de distintas peripecias, cada una con sus propios protagonistas pero todas con un nexo común: la determinación por sobrevivir a los avatares de la vida. Sobre situaciones tan cotidianas como el paro, la separación, la infidelidad…, la autora,
Katherine Pancol, profesora y periodista francesa nacida en Casablanca en 1954, construye una novela con un tinte positivo y optimista en la que vencen valores como la amistad, la lealtad y el amor.
Una madre divorciada que ha de encargase de su familia, la adolescente rebelde, la rica esposa desenamorada, el empresario arruinado, el anciano jefe que quiere tener un hijo… Todo un
collage de historias que el lector puede reconocer en la vida real, y quizá sea ése el secreto del enorme éxito popular y de ventas de la novela.
Hay cocodrilos con los ojos amarillos, detectives, familiares ocultos de la familia real inglesa…, y hasta una bella princesa medieval embrujada. Con estos guiños, a veces cómicos, y utilizando mensajes claros y sencillos, diálogos rápidos y un vocabulario en buen número de ocasiones coloquial, nada pretencioso, Katherine Pancol escribe un libro tierno y entrañable de final abierto.
Con un aire, tal vez, algo moralista, dibuja a cada personaje retratado mediante ciertos rasgos físicos característicos (“Con catorce años tenía ya la gracia y el aire de una mujer”, “Era una mujer alta, ancha de hombros (…) De espaldas la llamaban señor y de frente se apartaban con deferencia…”) y, sobre todo, a través de ciertos sentimientos dominantes y una lógica de pensamiento que les lleva a resolver cada situación y actuar ante los demás de una forma acorde y congruente, con unas consecuencias, a priori, previsibles.
¿Qué es mejor: huir de los problemas hasta una granja de cocodrilos en Kenia o intentar resolverlos echando mano de los propios talentos y los amigos cercanos? La autora, a fin de cuentas, nos dará su propia solución.
Por Patricia Flores