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reseña

Camilla Läckberg: Crimen en directo

domingo 15 de agosto de 2010, 01:08h
Camilla Läckberg: Crimen en directo. Traducción de Carmen Montes Cano. Maeva. Madrid, 2010. 414 pág. 20 €
Desde el fenómeno Millenium la novela negra vive un genuino estallido, del que Camilla Läckberg es una de sus principales proclamas. Seis obras componen la serie que transcurre en torno a Fjällbacka (municipio de Tanum, en la costa oeste de Suecia, donde creció la autora), protagonizada por el comisario Patrik Hedström y su compañera en la vida privada, la escritora Erica Falck –de las que el público español ha podido leer las tres primeras–. De La princesa de hielo (2003), pocos podían suponer el extraordinario alcance que tendría no sólo en los países escandinavos sino también internacionalmente; y después, Los gritos del pasado y Las hijas del frío lograron mantener intactas las expectativas que aquélla hizo abrigar, de modo que la joven promesa llamada Läckberg fue nominada, en varias ocasiones, al premio a la Mejor Novela Negra de la Academia Sueca y ha vendido ya cerca de seis millones de ejemplares de sus obras en todo el mundo.

Bajo la apacible y pueblerina vida de Fjällbacka, siempre emerge alguna desgracia de difícil explicación y con raíces en el pasado; así, en Crimen en directo, la última entrega traducida al castellano, el municipio prepara la llegada de algunas estrellas de televisión que participarán en un curioso reality-show, titulado Fucking Tanum; lo que brindará, según el presidente del Consejo municipal, una inigualable oportunidad de promoción turística para la zona. Pero, a los pocos días de iniciarse el programa –en el que todo se emite–, una de las artistas aparecerá muerta en un cubo de basura. Y aunque la razón induzca a pensar que lo mejor sería detener la filmación –que esconderá, posiblemente, las pistas para esclarecer el fatal suceso–, cuando de lo que se trata es de lograr el más alto índice de audiencia, “la función ha de continuar”. Los barbitúricos hallados en la corriente sanguínea de la chica y unas extrañas marcas en su cuello, servirán a Hedström para vincular este acontecimiento con el accidente de tráfico que, al parecer, tuvo como consecuencia la muerte de otra mujer –oriunda de Tanum, a la que detectaron señales corporales parecidas– y con otros casos más antiguos.

Después de presentar a los comediantes de la “telerrealidad”, especialistas en encandilar con sus cuerpos de maniquí, la autora –que se toma su tiempo– nos pone al tanto del camino que les ha llevado a alzarse como vacías carátulas capaces de cualquier artificio –por inadmisible que sea– con tal conseguir lujo y belleza, y de poder acceder a los lugares más distinguidos del país. Mientras, los personajes parecen (“aliados con su director”) decididos a ir tras varias pistas y averiguar sus entresijos, mientras mantienen, en cambio, al lector –mordiéndose las uñas– a pan y agua. Entremedias, zigzagueando en otro tiempo, emerge despacio una sombría, tal vez incestuosa, relación maternal. Pero las revelaciones se van conteniendo, tras la trampilla, hasta detonar en una segunda parte que no dejará de sorprender –especialmente al final–.

Por Inmaculada López Molina
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