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una unión posible

Griñón reúne suníes y chiíes en el cementerio musulmán

martes 17 de agosto de 2010, 19:56h
Dos entierros simultáneos en el cementerio islámico de Griñón han reunido a las dos fracciones del Islam enfrentadas a muerte desde hace siglos. Tras el segundo rezo del viernes 13 de agosto, las dos comitivas funerarias salieron de la gran mezquita madrileña de la M-30. Mustafá Nordine, de origen argelino, recibía su sepelio según el rito sunita acompañado de amigos y compañeros de la Asociacion Presencia Argelina y de un gran número de españoles del pueblo donde residía. Al mismo tiempo junto a él, en otra tumba, se enterraba a Fatma Zohra, una joven iraní de Madrid, siguiendo el rito chiíta.
Dos entierros simultáneos en el cementerio islámico de Griñón han reunido a las dos fracciones del Islam enfrentadas a muerte desde hace siglos. Tras el segundo rezo del viernes 13 de agosto, las dos comitivas funerarias salieron de la gran mezquita madrileña de la M-30. Mustafá Nordine, de origen argelino, recibía su sepelio según el rito sunita acompañado de amigos y compañeros de la Asociacion Presencia Argelina y de un gran número de españoles del pueblo donde residía. Al mismo tiempo junto a él, en otra tumba, se enterraba a Fatma Zohra, una joven iraní de Madrid, siguiendo el rito chiíta.

El primer acto lo protagonizó la comitiva chiíta. Un entierro estremecedor, con un ritual de llantos acompañando el rosario de aleyas, incluido el alzamiento por los aires del féretro a los gritos de “Ya, Hussein” rememorando al nieto del profeta Mahoma figura central del chiísmo y del que la conmemoración de su martirio origina todos los años procesiones sangrientas entre las multitudes enfervorizadas.

Y mientras la familia de la joven Zohra se recogía en la tumba, la comitiva que acompañaba a Mustafá, presenciaba el ritual sunita en el que un imán y un predicador marroquíes rezaban versículos del Corán. Tanto los chiíes como los suníes salmodiaron el rezo. Y al concluir el entierro del joven argelino, la familia de la iraní pidió al mismo imán entonar un rezo en honor de las difunta. Algo inédito en las tierras del Islam.

Mientras tanto, a miles de kilómetros de allí, en Irak, continuaban los atentados, los coches bomba y los camicaces suicidas. Sunitas y chiítas mantienen el rosario de muertes ininterrumpido desde hace 14 siglos. Curiosamente, ha sido en España, en el exilio de ambos, donde las familias se han unido. Un símbolo de una reconciliación que está aún lejos, pero que es posible.