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Berlín, de paso

Juan José Solozábal
jueves 19 de agosto de 2010, 19:23h
Tenía pendiente la lectura del Lector, cuya versión cinematográfica disfruté en su momento, especialmente porque me resultaba tentador comprobar el talento literario de un colega, pues Bernhard Schlink es catedrático de derecho constitucional y autor de un importante libro sobre derechos fundamentales. Resulta además que acabo de volver de unas pequeñas vacaciones en Berlín, ciudad que casi no conocía, pues la invitación que recibí hace unos meses del Instituto Cervantes de la capital alemana apenas pude aprovecharla si no es para recorrer en taxi la capital y visitar el sensacional museo de Pérgamo: hacía trece grados bajo cero. Francesc Puértolas , un catalán eficaz y encantador, uno más, en nuestro servicio exterior, encargado de las relaciones culturales del Instituto, me dio algunos consejos para sobrevivir en el invierno berlinés, pero la verdadera solución me la brindó Ignacio Sotelo cuando compareció a la conferencia con un gorro ucraniano, que le hacía casi irreconocible pero que garantizaba su resistencia frente a todo tipo de inclemencias. Ante un auditorio bien inteligente y por cierto numeroso Ignacio y yo expusimos nuestra visión del Estado autonómico, en la que coincidimos como siempre en un buen trecho, pues ambos creemos que la discusión sobre el carácter federal de nuestro Estado, no deja de ser un detalle nominalista de pequeña importancia, pues lo que importa en las formas federativas es la profundidad y a la vez la generalidad de la descentralización. Desde el punto de vista de las instituciones de autogobierno y de las competencias el equipamiento del Estado autonómico es comparable al de la República federal alemana: curiosamente en ninguna de las dos fórmulas políticas la descentralización es sólo una respuesta institucional al pluralismo territorial, o si se quiere decir de modo más claro, a las tensiones nacionalistas. Tanto el profesor Sotelo como yo insistimos en la dependencia jurídica del modelo: la base competencial del sistema en una forma federativa siempre se establece en el nivel constitucional, hablemos de la Norma fundamental o las constituciones de los Estados miembros, cuyo intérprete último es el Tribunal Constitucional. Insistimos también en otro rasgo esencial de la forma federal, en la que la igualdad de las partes integrantes es siempre igualdad exclusivamente normativa, pero sin prejuzgar el ejercicio que se haga de las competencias y que ha de dar lugar a una diferencia efectiva entre los componentes del Estado.

Chocamos, en cambio, cuando, venga o no a cuento, salen a relucir las provincias, momento en el que para sorpresa de quienes nos oyen, no podemos ocultar nuestras diferencias, que tratamos de resolver, sin demérito de la cordialidad, con cierta contundencia dialéctica. El profesor Sotelo viene a considerarlas una antigualla centralista y las convierte en el chivo expiatorio de los problemas de nuestro Estado autonómico; casi está a punto de creer que su supresión actuaría como bálsamo de Fierabrás de nuestras dolencias territoriales. Entonces expongo que con independencia de su justificación original, mucho más clara que en el Estado francés, en cualquier caso hoy son nudos inevitables de la red espiritual y económica de España, y por decirlo así, suponen un matiz de federalismo menor, o interno, de nuestro Estado autonómico. Al final, para estropearlo todo, sale a relucir mi foralismo que al profesor Sotelo le viene a parecer la suma de la inconsecuencia federal. Aduzco la base constitucional del régimen foral, en la famosa Disposición adicional primera de nuestra máxima Norma y señalo la conveniencia, a mi juicio, de radicar los problemas forales en el funcionamiento del sistema, principalmente en el cálculo del cupo, o monto a pagar por las provincias por los servicios que desempeña el Estado. El público que esperaba ver dos eruditas exposiciones académicas, se encuentra con una discusión entretenida y viva de dos amigos polemizando. Vamos, como en Madrid.

Pero de mi segunda visita a Berlín y del Lector de Bernhard Schlick, no he hablado nada en esta entrega. Mejor les dejo un poco de tiempo y refrescan el relato, que sólo aparentemente es una novela de amor juvenil, y constituye una reflexión sobre el pasado nazi que sofoca tanto en los paseos, monumentos y museos de la bella capital alemana…

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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