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El viaje de Aznar: una reacción legítima y acertada

viernes 20 de agosto de 2010, 08:26h
Pese a que el bloqueo marroquí de productos frescos -convenientemente dirigido por Rabat- se ha tomado un respiro por mor del Ramadán, la situación dista mucho de estar normalizada. Y ello es así no por la tensión entre los dos países, sino más bien por la existente entre PP y PSOE a cuenta del viaje de José María Aznar a Melilla. Desde Ferraz no se han ahorrado críticas al ex Presidente del Gobierno, tildándole de “inoportuno y desleal”, entre los calificativos más suaves.

Llama poderosamente la atención el hecho de que tales invectivas provengan de un partido cuyo líder entonces en la oposición, José Luis Rodríguez Zapatero, realizó una visita al rey Mohamed VI y se retrató junto a un mapa de Marruecos en el que figuraban anexionadas Ceuta, Melilla y Canarias. Más aún, Aznar sí estuvo en Melilla en su calidad de jefe del Ejecutivo español algo que no ha hecho el señor Zapatero en sus cinco años largos de presidencia: un hecho perfectamente documentado, a pesar de las afirmaciones que descaradamente se vierten en determinada prensa. La reacción al respecto ha sido absolutamente desmedida, al punto que, leyendo algunos comentarios, se diría que la crisis la ha provocado el PP y el señor Aznar.

El problema no es el viaje del Presidente Aznar, sino el que no hayan viajado algunos miembros significados del Gobierno o del PSOE. Lo llamativo en todo este asunto ha sido la ausencia y falta de explicaciones del Gobierno ante una crisis de imprevisibles consecuencias que también parece querer ignorarse. Da la impresión que Ferraz considera más como adversario al PP que al gobierno marroquí, auténtico muñidor del bloqueo y de las insidias contra la Guardia Civil y la Policía. Ese vacío es el que ha llenado la oposición, como es su obligación en el juego político. El comportamiento de José María Aznar no se ha apartado un ápice de la senda de prudencia y discreción como ha podido comprobarse durante su visita a Melilla. Ni una palabra más alta que otra, ni un mal gesto. Eso sí, ha llamado a las cosas por su nombre y ha estado donde había que estar. Si otros no lo han hecho, es su problema.
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