Una mezquita en la Zona Cero
martes 24 de agosto de 2010, 20:36h
Durante la dominación musulmana en Al-Ándalus, los dhimmi o gentes del libro, aquellos judíos o cristianos que residían en el territorio, fueron tolerados y respetados en sus creencias así como en su forma de gobierno. Esta actitud respecto de los extraviados en la fe, que no infieles, está contemplada explícitamente en el Corán. Muchos judíos y mozárabes llegaron a ocupar importantes cargos en las administraciones del califato. Los dhimmi estaban bajo la protección del gobierno, vivían exentos del servicio militar, además del impuesto religioso y conservaban ciertos fueros como el de una justicia civil propia. Así contemplado, la convivencia entre las diferentes religiones en ese periodo de la historia parece idílica, sobre todo si la comparamos con el trato que les era dado a los musulmanes en los reinos cristianos.
Pero la realidad era bien distinta. Si bien se protegió en cierta forma la conservación del culto y de las leyes de los que profesaban las religiones del libro, judios y cristianos eran sometidos a un exorbitado pago de impuestos en comparación con la población musulmana y la práctica de su fe religiosa era severamente coartada. Además, los dhimmi eran considerados como ciudadanos de segunda clase, inferiores socialmente, cuyos testimonios o méritos eran considerados siempre de mucho menor valor que el de un musulmán. Muchos cristianos se vieron obligados a abrazar la fe del Islam para escapar de una asfixiante situación económica o para poder optar a puestos de responsabilidad. Lo que en los primeros tiempos pudiera haber sido una modélica convivencia de culturas, fue degenerando en una sumisión a la fe verdadera. Las cada vez más frecuentes presiones de los reinos cristianos, hizo que las masacres sobre la población mozárabe fueran cada vez más frecuentes como represalia. Así, la situación fue empeorando progresivamente, a medida que se debilitaba el poder del reino islámico, dando lugar a conversiones en masa forzosas.
La actual intolerancia religiosa por parte de los estados islámicos choca frontalmente con el concepto coránico de tolerancia hacia las religiones del libro y que casi pudo haber sido posible en otros tiempos. Por su parte, Occidente ha evolucionado desde la más férrea e intransigente actitud frente a las religiones no oficiales, hacia un obligado laicismo, denominador de todo estado de derecho moderno. En particular, Estados Unidos ha cimentado su historia sobre el espíritu del Mayflower. Aquel barco en el que recalaron aquellos que habían sido perseguidos por su fe, y que encontraron en el nuevo mundo un escenario perfecto en el que desarrollar el derecho a la libertad religiosa.
Pero parece que ahora como entonces, la práctica de según que religiones está siendo constreñida y limitada. Fue en Suiza, valuarte de los más sagrados postulados de solidaridad universal, donde, mediante referéndum, fueron prohibidas las construcciones de minaretes de las mezquitas el pasado mes de noviembre. Y es durante estos días, cuando se está ofreciendo un mayoritario rechazo frontal a la construcción de una mezquita, en un lugar que ya venía realizando servicios a la comunidad islámica en Nueva York, en las inmediaciones del malogrado World Trade Center.
Las objeciones al levantamiento del templo no están basadas más que en el dolor y el resentimiento. Debe quedar patente que en la inmensa mayoría de los estados islámicos es imposible la construcción de una iglesia, y no digamos ya de una sinagoga. Pero la grandeza moral de Occidente debe traspasar la visión simplista de la reciprocidad. Identificar una religión en su conjunto por la interpretación cerrada e integrista de algunos que la profesan es, según mi opinión, un grave error. Y el recortar y limitar los derechos para adaptarnos a la intransigencia de otros es una involución perniciosa e injustificada. Espero que Occidente no olvide nunca que es el garante de la libertad y que en el Islam se superen los odios y se recupere la tolerancia coránica hacia las otras religiones del Libro, que en su momento fue guía de la verdadera grandeza del Islam.
|
Abogado
CARLOS LORING es licenciado en Derecho, diplomado en Gestión Empresarial, y MBA en e-Business por la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE)
|
|