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El paro no está para “exquisiteces”, dirían los alemanes

martes 24 de agosto de 2010, 23:29h
Es difícil comprender el debate que han abierto los líderes sindicales ante las nuevas medidas anunciadas por el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, en donde se reanudan las ayudas de 426 euros a los parados pero con determinadas condiciones, tales como que durante el período de desempleo se formen en alguna área que permita satisfacer la demanda en el mercado laboral o en el plazo de 30 días disponer de un trabajo nuevo; de lo contrario, el grifo se cierra.

A todas estás, la iniciativa, en vez de ser un incentivo para que el bloque sindical replantee su estrategia de acción e incluso se sienten a analizar el panorama español en comparación con la situación de los parados en países como Alemania -en donde las políticas para los desempleados funcionan con mano de hierro- el secretario general de CCOO, Ignacio Fernández Toxo y Cía, prefieren calentar los motores de cara a la huelga general prevista para el mes de septiembre.

El argumento, es que Trabajo busca con este anuncio tender una “cortina de humo” que criminaliza a los parados para maquillar los verdaderos índices de desempleo en España. Ante tal argumento no sabemos si reír o llorar, porque resulta tragicómico que el gobierno plantee una alternativa para hacer frente al paro, mientras los sindicatos, en vez de alentar al trabajo y a la formación de los trabajadores españoles a los que dicen defender, fomentan valores contrarios.

Sabemos que ningún sistema funciona a la perfección, pero el régimen de parados en nuestro país es notablemente más flexible que el citado alemán, en donde rechazar un trabajo supone el fin de las ayudas. Allí a la sociedad se le obliga a trabajar, a estar activa, a movilizar el contingente laboral y a producir porque es la única respuesta a la crisis. Para los alemanes, en tiempos de paro no existen los “divismos”, ni la hora de siesta, ni el ocio. La única respuesta para ellos, en tiempo como este, es ponerse manos a la obra.

España y su sistema de seguridad social no está para correr el riesgo de ser víctima de un fraude que beneficie a algunos y obstaculice el camino a aquellos que sí desean trabajar. Mucho menos está en posición de financiar el paro a largo plazo.

Comprendemos que son millones los españoles que hacen largas filas en el INEM, pero la única solución de este escollo es poner a circular a los desempleados hacia los sectores que puedan demandar trabajadores o, en su defecto, prepararlos para que puedan introducirse en ellos. No se trata de “criminalizar”, si no de despertar del “letargo”, ya que como bien dirían nuestros buenos amigos los alemanes: “El paro no está para exquisiteces”.
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