Realismo e inmigración en Francia
martes 31 de agosto de 2010, 02:10h
La medida del gobierno francés de expulsar de su territorio a gitanos rumanos y búlgaros en situación irregular no deja de suscitar polémica. Sobre el papel, el calificativo “irregular” no debería de aplicarse a naturales de cualquier país de la Unión Europea, en base a la libertad de movimientos de sus ciudadanos en el ámbito geográfico comunitario. Y hay también un innegable componente racial, por cuanto la práctica totalidad de expulsados son gitanos. Algo semejante ya se hizo en Italia hace bien poco aunque, como todo lo que sucede en el país trasalpino, con la particular impronta personal de Berlusconi.
Por impopular que pueda resultar, el Ejecutivo de Sarkozy se ha atrevido a implementar una medida que apoyan más del 70 por ciento de franceses. En un país donde la acogida es una de sus señas de identidad y donde buena parte de su población es de origen inmigrante, pesa como una losa el dato incontestable de que los actos de delincuencia en París perpetrados por rumanos aumentasen un 259 por ciento en año y medio. Ante semejante alarma social, hay quien opta por mirar hacia otro lado -el Gobierno de España es un ejemplo de ello- y quien, como Sarkozy, toma cartas en el asunto. Podrá equivocarse pero, al menos, ha tenido el coraje político de abordar un asunto tan espinoso como importante. El desmantelar campamentos levantados ilegalmente y devolver a sus moradores a sus lugares de origen -Rumanía y Bulgaria- puede ser legal, pero también lo es el que esas personas regresen luego a Francia si así lo desean. Son los efectos del llamado “suelo único europeo”. Lo cual no obsta a que cada país pudiese arbitrar una serie de medidas tendentes a reforzar la seguridad de sus nacionales. Hay que perder el temor a debatir sobre asuntos delicados. Sin complejos ni tabúes. Y con sentido común.