www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

La Argentina democrática y sus mitos

martes 31 de agosto de 2010, 18:37h
Palabra de origen griego, el término mito remite a un relato de hechos maravillosos cuyos protagonistas son personajes sobrenaturales, como dioses o mounstros, o extraordinarios como los héroes.

Se suele afirmar que los mitos forman parte del sistema religioso de una cultura, la cual los considera historias verdaderas. Su función es otorgar un respaldo narrativo a las creencias fundamentales de la comunidad. Diversos mitos de una cultura pueden integrarse en una mitología que sustenta la cosmovisión de un pueblo.

El “corto siglo veinte argentino”, que comprende el período 1930-1983, estuvo fundado en un relato que procuró dar sustento a la creencia, instalada en la sociedad, de que solo las fuerzas armadas podían gobernar a la Argentina. Merece ser destacado que, esta creencia era compartida además por diferentes actores sociales incluidos los partidos políticos y/o movimientos políticos más relevantes. El descrédito de la última dictadura militar y de manera particular los episodios ocurridos durante la guerra de las Islas Malvinas en 1982 pusieron en tela de juicio esta creencia permitiendo de esa manera el inicio de un proceso de transición democrática no solo en el terreno político sin también en el simbólico.

A partir de 1983, las sucesivas “crisis en la democracia” crearon condiciones para el fortalecimiento de una nueva mitología política basada en tres creencias centrales: la primera de ellas, solo el peronismo puede gobernar la Argentina; la segunda, la Unión Cívica Radical no puede finalizar su mandato constitucional, la tercera, aquello que es producto de la fortuna en realidad es resultado de la “virtú” del peronismo, recordando al célebre autor Nicolás Maquiavelo.

Este relato se vio “ratificado” a partir del hecho de que las dos experiencias no peronistas de la democracia – Raúl Alfonsín entre 1983 y 1989 y Fernando De La Rúa en el marco de una coalición electoral entre 1999 y 2001- no concluyeron en los plazos establecidos en la constitución argentina, debiendo asumir en ambas circunstancias la presidencia de la república el peronismo.

En el caso de la presidencia de Raúl Alfonsin, la gravedad de la crisis económica y social llevó al ex presidente a la “resignación” de su cargo ante la asamblea legislativa en el mes de mayo de 1989 y al adelantamiento de la entrega de poder asumiendo Carlos Menem la presidencia en el mes de julio, cinco meses antes del plazo previsto.

Respecto a la experiencia aliancista de Fernando De La Rúa, la grave crisis institucional derivó en su renuncia y en la designación como presidente de Alberto Rodríguez Saá primero –presentando su renuncia a la semana de haber asumido la presidencia de la nación- y Eduardo Duhalde después, siendo este último designado por la asamblea legislativa para completar el mandato del Dr. De La Rúa, no pudiendo cumplir con la misión encomendada al adelantar las elecciones presidenciales para el mes de abril del 2003 y la entrega del poder al mes de mayo del mismo año -siete meses antes del plazo constitucional establecido- como consecuencia de la grave crisis social que llevó al asesinato de dos referentes de los movimientos sociales en el mes de junio de 2002.

Además, el desarrollo de las experiencias de Carlos Menem, Néstor Kirchner y Cristina Fernández en coincidencia con contextos de ciclos ascendentes tanto en lo político como así también en lo económico –con la excepción de las crisis económicas de 1995, 1998 y la más reciente del 2008/2009- fortaleció las creencias señaladas; volviendo a Maquiavelo ¿Fortuna o virtú?

Si pensamos que gobernar significa hacer creer, el peronismo ha demostrado su eficacia al instalar la creencia de que, aquello que es producto de la fortuna en realidad es resultado de su “virtú”, dejando de esta manera claramente identificados los mounstros, los dioses y los héroes de la mitología política argentina.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios