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El lector y la gestión del pasado

Juan José Solozábal
jueves 02 de septiembre de 2010, 21:55h
No desmerecemos el valor de un libro si admitimos que su significado depende no solo de sus virtualidades, sino del momento o de las condiciones en que lo leemos. Esto es lo que me ha ocurrido con la obra de Bernhard Schlink que he leído tras una visita a Berlín y precisamente durante mis vacaciones en Euskadi.


El lector relata las relaciones amorosas de un estudiante de secundaria y una mujer adulta: hay ciertamente mucho más que sexo y aprendizaje vital para el muchacho, que quedará tocado cuando inopinadamente Hanna, con quien puede simular en la vida social una relación filial, abandona la ciudad en la que trabajaba como cobradora de autobús. Mientras estudia derecho, por los años sesenta, el protagonista se inscribe en un seminario de Derecho Penal, en el que se comentan las sesiones de un juicio contra diversas mujeres pertenecientes a las SS durante el nazismo y que estaban acusadas de haber provocado la muerte de varios centenares de prisioneras al no abrir en un bombardeo las puertas de la iglesia en que las tenían concentradas. Una de las guardianas acusadas es Hanna la antigua amante del protagonista, que será condenada a condena perpetua, mientras las otras acusadas lo son a penas inferiores.


Tras descubrir la clave aparente que explica el comportamiento de Hanna durante el juicio y arroja luz sobre su propia conducta en el trascurso de la relación amorosa, Michael le envía a la cárcel cintas de sus lecturas de libros. Finalmente llega el momento de la libertad de Hanna, pero el desenlace de la novela no es el de una vida en común de los amantes reencontrados…


En realidad la novela va de la gestión del pasado que hacemos los individuos y también las sociedades. No es fácil liberarse del pasado especialmente cuando, por mucho que lo disimulemos y por muy hábiles que seamos encontrando pretextos, no hemos estado a la altura de las circunstancias. “Los estratos de nuestra vida reposan tan juntos los unos sobre los otros que en lo actual siempre advertimos la presencia de lo antiguo, y no como algo desechado y acabado, sino presente y vívido”. La huella de su tormentosa relación con Hanna, especialmente su cobardía durante la celebración del juicio, se lleva por delante el matrimonio de Michael con su compañera Gertrud y dificulta sus relaciones con las mujeres después.


Claro que la revisión del pasado criminal de Hanna es la ocasión de analizar el juicio que la generación de Michael hace sobre la Alemania de sus padres: su dictamen sobre la culpabilidad alemana colectiva, abarca al Tercer Reich , el tiempo “de los asesinos, los mirones y los sordos,” y lo que vino después: los que toleraban y aceptaban a los criminales , las pintadas de esvásticas en cementerios judíos, la multitud de antiguos nazis apoltronada en los puestos más altos de la judicatura, la Administración y las universidades; la negativa de la Republica federal a reconocer el Estado de Israel.Y, concluye Schlink, “la evidencia de que, durante el nazismo, el exilio y la resistencia habían sido puramente testimoniales, en comparación con el conformismo al que se había entregado la nación entera”.
La fosilización en la memoria del pasado para seguir con “la vida cotidiana” ha de rechazarse , pues equivale a la impostura y supone asumir el riesgo de la repetición del horror de la historia . Pero la solución por la que se ha optado tampoco es convincente, por contradictoria y quizás insuficiente: “unos pocos condenados y castigados, y nosotros la generación siguiente enmudecida por el espanto, la vergüenza y la culpabilidad”. Tal vez sea un problema de satisfacción imposible , que sólo, como el peor pasado de cada cual, es soportable.


El peso abrumador del pasado se siente en muchos sitios de Berlín: desde luego en los restos de edificios como la sede de la SS, con sus mazmorras al descubierto y la documentación apabullante de la exposición(Topographie des Terrors) que testimonia la vida de los condenados en los campos de exterminio. Pero también las muestras excelsas de pintura de la Neue Nationalgalerie que informan sobre la alucinación del utopismo idealista alemán en el expresionismo comunista o nazi en los tiempos de Weimar. En todo esto pienso, ya en Euskadi, cuando atiendo a las exigencias que sobre el relato de nuestro tiempo , bien largo, de silencio y horror,o sea ,la gestión del pasado inmediato, hacen las víctimas del terrorismo con toda justicia.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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