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Baltasar Garzón, entre los juzgados y la política

miércoles 08 de septiembre de 2010, 00:56h
Como si fuese una imposición imponderable de la actualidad, que con el inicio de septiembre ha recobrado toda su fuerza, Baltasar Garzón ha vuelto al primer plano de la atención mediática. El motivo es que este martes el Tribunal Supremo ha avalado de nuevo la instrucción por el juez Varela del caso que acusa a Garzón de prevaricar en el proceso abierto por éste en la Audiencia Nacional contra los crímenes del franquismo. El Supremo confirma, de este modo, que quien ocupase la titularidad del juzgado número 5 de la Audiencia Nacional tendrá que volver a los juzgados, pero en el banquillo de los acusados.

Baltasar Garzón recurrió todas las resoluciones de Luciano Varela, cuya instrucción ha merecido general reconocimiento en la profesión jurídica, y que una vez más se ve avalada por otros miembros del Supremo. Es preciso recordar que un hombre es inocente hasta que no se demuestre lo contrario en un juicio contradictorio e imparcial, privilegio que va a tener el ex juez de la Audiencia. Es necesario traer asimismo a la memoria que esta es sólo una de las causas abiertas contra Garzón, ya que tiene otra por prevaricación en la instrucción del caso Faisán, y una añadida por cohecho, entre otros delitos presuntos, por el supuesto cobro del Banco Santander poco antes de sobreseer un caso que él instruía. Sin embargo, resulta elemental recordar que la acumulación de casos en su contra no aminora un ápice su presunción de inocencia.

Las responsabilidades penales a que tenga que hacer frente el ex juez se habrán de dirimir por los cauces judiciales pertinentes y, Baltasar Garzón, que ha sido una pieza notable dentro del poder judicial, sabe que cuenta con plenas garantías en su caso. Ello no excluye a los demás ciudadanos plantearse opiniones privadas sobre la probidad de su actuación en cada caso. Es más, Baltasar Garzón ha tomado la decisión personal, mantenida y ejecutada coherentemente, de estar en el centro de la polémica. No se ha limitado a instruir sin salirse de los cauces jurídicos casos con implicaciones políticas, sino que ha mezclado las valoraciones judiciales con las políticas.

El caso más claro es precisamente este que está instruyendo el juez Luciano Varela. Baltasar Garzón abrió una causa general contra el franquismo que, por su propia naturaleza y más en el contexto de la política de Zapatero en torno a la memoria histórica, iba a despertar grandes pasiones políticas. El propio Garzón ha hecho una defensa política de su caso, y se ha apoyado en la pléyade de defensores que ven esa causa general en términos políticos. Pues la verdad, como señaló oportunamente el catedrático de Derecho Procesal Andrés de la Oliva Santos, Baltasar Garzón jamás llegó a instruir o investigar los crímenes del franquismo. Y ello pese a la Ley de Amnistía, que no ha perdido un ápice de su legalidad y vigencia. Una decisión, dicho sea de paso, que contrasta con el hecho de que él mismo alegó oportunamente a esa ley para rechazar la investigación de los presuntos crímenes de Santiago Carrillo. En este contexto, conviene recordar a nuestros lectores que ninguno de estos procedimientos tiene, jurídicamente hablando, relación alguna con –ni puede impedir- la exhumación de los restos de víctimas de la Guerra o posguerra.

Todo apunta, sin menoscabo de su presunta inocencia, a que asistimos al fin de la carrera de Baltasar Garzón como juez y su inclinación definitiva por la carrera política, que ha ido robándole sus anhelos de forma creciente en los últimos años.
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