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tribuna

[i]El eclipse de España[/i]

miércoles 08 de septiembre de 2010, 09:09h
Resulta impresionante, a la par que preocupante, comprobar cómo España desaparece, aceleradamente, del escenario internacional y cómo, si se la cita -con la excepción de las hazañas de nuestros deportistas- es para referirse a ella como “campeona” europea por la cifras del paro o como el país que sume en mayor riesgo a la zona euro. En poco más de un lustro, el actual Gobierno ha echado por tierra el trabajo realizado por todos los gobiernos democráticos durante treinta años. A la cabeza del ministerio de Exteriores, hemos tenido personas de alto nivel y capacidad y yo sólo exceptuaría, por su pobre actuación, entre los que han ocupado ese puesto, al primer socialista, Morán, y al último, por ahora, del mismo partido, Moratinos. Desde la Transición, España recuperó peso y prestigio a lo largo de un proceso que no fue fácil, en el que, si a veces los avances fueron lentos (por ejemplo, la entrada en las Comunidades Europeas) nunca hubo retrocesos importantes. Tras los tratados de Amsterdam y Niza, España llegó a ser una indispensable referencia en Europa, al tiempo que se abría a otras zonas del mundo. Como acaba de recordar Tony Blair en su reciente libro de memorias, la condición de duro negociador de Aznar, la hizo un hueco entre los grandes de la Unión Europea.

Todo eso se lo ha cargado Zapatero con una política exterior, si se la puede denominar así, que tiene muchos rasgos negativos, el menor de los cuales no es su extraordinaria capacidad para hacer el ridículo en los foros internacionales. ¿Quién no recuerda sus bravatas en Nueva York afirmando que ya habíamos superado a Italia y que estábamos a punto de sobrepasar a Francia, lo cual ponía de los nervios a Berlusconi y Sarkozy? Lo último ha sido en Tokio donde, en un nuevo despliegue de faroles y tras afirmar que España y Japón son “dos historias de éxito” —lo cual demuestra que no conoce las cifras y que olvida que Japón lleva quince años en recesión- pidió inversiones niponas en España, precisamente el mismo día que Sony anunciaba que se marchaba de Cataluña. ¡Buena información tiene el Presidente y buen porvenir nos augura: tres lustros sin salir del pozo!

En el último número de “Foreign Affairs” (septiembre-octubre 2010) hay un interesante artículo de Jorge Castañeda, ministro de Exteriores de México entre 2000 y 2003 y actual profesor en la Universidad de Nueva York en el que aborda la cuestión de la gobernanza del mundo y se refiere a los países que pueden jugar un papel importante en el futuro. No voy a reproducir aquí sus reflexiones, pero sí diré que alude a no menos de quince países con posibilidades de contar y pesar en el escenario mundial. España no aparece citada ni de pasada. Con frase bien conocida aquí, ni está, ni se la espera. Para mayor irritación, en el mismo número hay otro interesante artículo sobre Afganistán y sobre la importancia de preparar a los militares y policías afganos, para que se hagan cargo de su propia seguridad. Cita el autor, un especialista en la cuestión llamado O’Hanlon, la labor que hacen en ese campo los Carabinieri italianos, pero no alude ni de pasada a nuestra Guardia Civil, que acaba de rendir un tributo de vida y sangre en esa tarea. ¿Qué hacen nuestras autoridades para que nadie sepa —y O’Hanlon es un experto de la Brookings Institution- lo que hacen allí nuestros soldados y nuestros guardias civiles?

Nada puede extrañar, dada la lamentable proyección exterior de los equipos socialistas, como la citada escapada al Lejano Oriente de Zapatero, sin resultados visibles, o la bochornosa visita para rendir pleitesía a la tiranía cubana de las dos señoras representantes del aparato del PSOE. ¿Cómo se nos va estimar si parece que este Gobierno sólo se propone que nos hundamos, sin remedio, en ese hampa internacional de los Castro, los Chávez o los sátrapas con turbante? Las raíces de esta situación son profundas y tienen mucho que ver con el impresentable sistema educativo que padecemos. Una prestigiosa universidad china, la Jiao Tong de Shanghai, acaba de publicar la lista de las 500 mejores universidades del mundo, que ha tenido reflejo en todos los grandes medios internacionales. En las varias referencias que he podido consultar, que se ocupan de las 100 primeras de la lista, España no aparece citada nunca. Es verdad que Europa no sale muy bien parada, pues las dos primeras universidades europeas son Cambridge, que hace el número 5 de la lista y Oxford, que ocupa el 10. Pero el Reino Unido tiene en total 11 (frente a 54 de los Estados Unidos); Alemania (igual que Japón), tiene 5; Canadá, 4; Francia, Suecia, Suiza y Australia, 3; Dinamarca, 2. Ignoro si hay alguna universidad española en el apartado “Otros”, que agrupa a 7, no citadas por su nombre. Unos datos, por otra parte, que concuerdan con otros estudios conocidos, como los que hace la OCDE.

La política cultural de este Gobierno es penosa. El español está dejando aceleradamente de ser una lengua europea, pese al meritorio trabajo del Instituto Cervantes, y no sólo por poderosas razones demográficas sino por la incuria gubernamental que se preocupa más de que se admitan en las instituciones europeas las lenguas co-oficiales de las comunidades autónomas, que de defender y conseguir que se use y se prestigie el español. Alemania, Francia e Italia, sobre todo las dos primeras, están luchando denodadamente por sus lenguas, frente al avance imparable del inglés. Se acepta la primacía de éste, pero no quieren desaparecer. España no defiende su idioma, sino los periféricos que, fuera de aquí, no interesan a nadie o a muy poquitos. Nadie entiende por ahí cómo no se cuida una lengua que es “universal”, como me decía un periodista italiano, frente a la suya que el denominaba “regional”. Pero en eso, como en todo, aquí prima lo regional y se desprecia lo universal. No puede extrañar que España esté en pleno eclipse. Un eclipse que será total, si no cambiamos nuestra política educativa y nuestra política cultural, además, por supuesto de nuestra política económico-social. Hablando en plata: que no las gestionen los socialistas.
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