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España y su competitividad

José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
sábado 11 de septiembre de 2010, 00:13h
Nueve puestos nada menos, ha descendido este año la competitividad de la economía española, según la lista elaborada por el Foro Económico Mundial. En su Informe sobre Competitividad Global 2010 -2011, pasamos del puesto 33 al 42.

Informe dirigido por un economista español, catedrático en la Universidad de Columbia, Xavier Sala Martín, el documento, de amplia aceptación entre los economistas, mide una serie de factores, algunos tradicionalmente intangibles anteriormente, pero que con las nuevas técnicas de análisis económico del Derecho y de las Instituciones, están comenzando a desvelar su otrora misterioso desempeño. Así, factores como la valoración de los políticos y la creación de un entorno institucional favorable, propicio a la seguridad jurídica, son elementos que ya cuentan, y mucho, en las valoraciones y estudios económicos. Tanto que ahora precisamente los políticos se apresuran a entrar en esa arena, si bien, como siempre, lo hacen “a su manera”, esto es, puenteando y cortocircuitando ideológicamente los hechos, intentando retorcerlos o salirse por la tangente sin contestar directamente a los datos que provienen de la realidad.

Un par de ejemplos ayudarán a aclarar por qué seguimos perdiendo y perdiendo y perdiendo, casi en caída libre, posiciones en la competitividad, esto es, en el conjunto de actitudes que generan que la relación trabajo – resultado, sea al final, óptima.

El primer ejemplo es el de la corrupción, un mal ya enquistado en España y que sea cual sea el partido político, va a practicar casi con naturalidad. Tiene mucho que ver con dos factores. De un lado, la sempiterna financiación de los partidos políticos, acostumbrados a su vez a disparar con pólvora del Rey y no reparar en gastos. De otro lado, la escasísima calidad de la mayor parte de políticos y sus cohortes, que prosperan en ese ámbito simplemente mediante su obediencia y falta de ideas, dado que en cualquier otro espacio donde tuvieran que competir, ni se presentarían siquiera, dada sus más que escasas condiciones y cualidades. Hoy cuando alguien se dedica a la política, salvo excepciones, es que no puede dedicarse a ninguna otra cosa. Y su manera de ver el mundo es siempre igual: a partir de la obediencia, la apología del jefe, la sumisión, la crueldad con los enemigos del cacique, en fin, su roma y basta (de)formación, los hace peligrosos individuos siempre dispuestos a defender “unguibus et rostro” el pan (es un decir) que el partido les proporciona.

rimitación de sus dirigentes y mandamases, ha acabado contaminada también con prácticas corruptas, en un maldito “eterno ritornello” que comienza con la entrega de maletines y acaba con la recepción de los mismos.

Un segundo ejemplo se encuentra en el descrédito de las Instituciones. No han respondido ni a las expectativas ni a las exigencias. Así, cuando el Tribunal Constitucional tarda varios años en resolver un asunto de la envergadura del Estatut, o su Presidenta se deja regañar en público por miembros del Gobierno, o se pone al teléfono de quien no debe, ocurre lo que tiene que ocurrir. Esto es, que el más importante órgano institucional cae en el descrédito más completo.

Y si vamos al Consejo del Poder Judicial, otro tanto de lo mismo. Y así con tantos otros órganos, en definitiva, Instituciones.

La potísima razón de tanto despropósito institucional es la politización de tales órganos, que al no cumplir su misión sino estar pendientes sus miembros de atender a sus jefes naturales – los dueños de los partidos políticos – carecen de personalidad y de carácter institucional y el aroma que desprenden no es precisamente el del “extraordinario perfume que emana del Tribunal Supremo Norteamericano”, en frase del constitucionalismo de aquél gran país.

Todo lo que sea impedir la barra libre a las cúpulas de los partidos, queda condenado al ataque despiadado de ellos y de “sus” medios, que son poco libres, pese al enorme invento que Internet está representando como medio de expresión autónomo de opiniones.

En consecuencia, y pese al esfuerzo de Instituciones como las comunitarias, el intervencionismo administrativo es múltiple, multiplicado por tantos y tantos factores como bocas políticas que alimentar. No se trata de defender bienes públicos, sino en convertir en actuación pública lo que es dominio natural del mercado. Y en consecuencia, se trata de poner una comisión o renta corrupta entre la actuación del empresario y el logro de los objetivos de su empresa. Así, de nuevo, la corrupción, en ámbitos como la contratación pública, es un elemento casi natural al negocio (repartos de mercados en obras públicas, asignación de rentas de propiedad en urbanismo a constructores amigos – cuando se podía que era hasta que la crisis se llevó por delante a las propias constructoras – en fin, todas las prebendas que supone la cercanía al poder en sus múltiples tentáculos.

Pero la gran cuestión se encuentra en que para resolver esta dañina situación, quienes tienen que resolver el problema son los mismos que lo crean, esto es, los políticos y sus cúpulas. Y el ahorcado nunca quiera anudar el lazo de su propia soga.

Si miramos al Informe, resulta que la competitividad se da en países como Suiza (nº1) Suecia (nº 2), Singapur, Finlandia…. En todos ellos, la clave se encuentra en la excelencia de sus Instituciones. Esta es la respuesta. Y si miramos a países como Argentina o Bolivia, encontramos entonces precisamente la misma contestación al interrogante: la falta de Instituciones es la clave de su pérdida pese a sus riquezas naturales.

Con lo cual, y ante el panorama que tenemos, la pregunta que queda en el aire es ¿ Y cuántos puestos descenderemos el próximo año?

José Eugenio Soriano García

Catedrático de Derecho Administrativo

JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.

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