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La noche en vano

Mayte Ortega Gallego
sábado 11 de septiembre de 2010, 04:34h
Esa es la sensación que mejor describe mi ánimo al intentar hace tres años participar de ese macro-evento que organiza el Excmo. Ayuntamiento de Madrid: la noche en blanco.

Después de observar la programación en estos últimos años, aún me pregunto quién es el “target”, el destinatario de esta acción. No son aquellos que suelen ir habitualmente a museos, galerías de arte o teatros porque nadie en su sano juicio hace tres horas de cola para pasearse por el vestíbulo del Museo Thyssen, pudiendo hacerlo gratis y holgadamente cualquier día (excepto el lunes). No son aquellos que nunca van a los museos, galerías de arte o teatros porque si ya venían a regañadientes, la excusa del gentío y la nocturnidad se convertirán en excusas perfectas para no tener que volver jamás. Entonces, ¿quién? Pues podría ser una mezcla de adolescentes que aprovechan la excusa para volver más tarde, fans absolutos de lo gratis cuyo tiempo vale poco o nada y algunos despistados que al día siguiente digan en el trabajo: yo estuve allí. En realidad debieran decir: yo merodeé por allí.

Cuando se gestaron las primeras “noches en blanco” en París, allí “nuits blanches” nombre de mucha más resonancia literaria, tenía otro sentido porque que el Museo del Louvre abriera hasta las 23:00 h de la noche es un hito en París, pero en Madrid no. En esta ciudad el año entero es una noche en blanco: varios museos han estado abriendo hasta las 23:00 h durante el verano, las últimas funciones de teatro comienzan a las 22:00 h y estamos acostumbrados a buscar dónde tomar una caña a las doce de la noche.

No todo lo que es bueno para Francia es bueno para Madrid. El gasto de una sola noche reporta poco beneficio, por tanto no es inversión. No he creado público potencial que acudirá a la semana siguiente a ver una obra de teatro en el patio de butacas que recorrió a codazos. En cambio estoy creando cierto hastío entre el público asiduo que comenta con cierto pavor: “el sábado paso de ir al centro, que es la Noche en Blanco”. Curiosa la transformación de reclamo a repelente.

Por si no ha quedado lo suficientemente claro, abogo por la abolición de la Noche en Blanco. La cantidad de recursos que se le asignan creo que no justifican ni consiguen ningún objetivo en favor de un mayor interés por la cultura y sus espacios. Hace tiempo hablé sobre las píldoras culturales que adormecen el espíritu y tranquilizan la conciencia de consumo cultural. Posología: una al año, comience el sábado.

Mayte Ortega Gallego

Coordinadora de programas de la Comisión Europea

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