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NADAL, EL MEJOR DEPORTISTA ESPAÑOL DE TODOS LOS TIEMPOS

martes 14 de septiembre de 2010, 12:10h
Hasta ayer, Miguel Induráin era el máximo atleta, el mejor deportista español de todos los tiempos. Al culminar el Grand Slam, Rafael Nadal le ha adelantado. Los nombres míticos de Ricardo Zamora, Paulino Uzcudun, Federico Martín Bahamontes, Manolo Santana, Fermín Cacho, Severiano Ballesteros, Pau Gasol… hacen cola tras la hazaña de Rafael Nadal que, al vencer en el abierto de Estados Unidos, se ha colado en el pelotón de los más grandes de la historia del tenis. Y con 24 años. Me alegra recordar ahora que en 2004, los balbuceos de Nadal, escribí en una canela fina: “No sé si mantendrá ese juego fulgurante, pero si es así conseguirá vencer en los torneos del Grand Slam. Santana jugaba de otra manera, con menos potencia y más versatilidad pero Nadal no le va a la zaga en calidad de juego, en instinto matador, en genio de campeón”.
Rafael Nadal, premio Príncipe de Asturias del deporte, es ya efectivamente el mejor deportista español de todos los tiempos. También, el Rey aparte, el español con más capacidad de influencia en el mundo. Reproduzco lo que escribí hace un año, y que conoce el lector de El Impacial. Porque ningún político español, ni siquiera Felipe González; ningún escritor español, ni siquiera Miguel Delibes; ningún arquitecto español, ni siquiera Santiago Calatrava; ningún pintor español, ni siquiera Miquel Barceló; ningún filósofo español, ni siquiera Emilio Lledó; ningún científico español, ni siquiera Santiago Grisolía; ningún empresario español, ni siquiera Amancio Ortega; ningún músico español, ni siquiera Cristóbal Halffter; ningún cantante español, ni siquiera Plácido Domingo; ningún eclesiástico español, ni siquiera el cardenal Rouco, ningún deportista español, en fin, ni siquiera Miguel Induráin, tienen la capacidad de influir en el mundo como Rafael Nadal. Sólo el Rey, que lleva 34 años en el Trono, es tan conocido en el conjunto de las naciones y puede influir tanto como el gran tenista balear.
Con el espíritu deportivo que siempre le caracterizó, Manolo Santana lo ha dicho sin veladuras: “Rafa Nadal es el personaje más importante de este país, aunque a muchos les moleste que lo diga”. Conviene no olvidar que Santana partió de cero. Yo le he visto recoger bolas en las pistas del desaparecido Club Velázquez. Y también cuando con una raqueta que le regaló Romero Girón jugaba como una fiera contra la pared del frontón. Por aquella época no pasábamos de dos centenares los aficionados al tenis en Madrid y nos conocíamos todos. Santana ganó Wimbledon, tal vez la prueba deportiva más difícil del mundo, dos veces Roland Garros, también el abierto de Estados Unidos. Le faltó Australia para coronar los cuatro grandes. En aquella época no había clasificación internacional pero Santana fue el número uno del mundo durante mucho tiempo. Ahora ha sabido reconocer lo que Nadal significa.
Tal vez sea el tenis el deporte con mayor competencia. Lo mismo en Asia que en Europa, en América que en Oceanía o África, allí donde se alza una urbanización, allí se construye una pista de tenis. En una buena parte de las naciones del mundo apenas existe un pueblo por pequeño que sea que no disponga de una cancha para jugar al deporte de Laver y Federer. La extracción de los tenistas es universal y la competencia, por eso, se hace excepcionalmente dura. Destacar en hockey sobre patines o en vela es muy difícil pero incomparablemente más sobresalir en el tenis universal.
A Nadal le conocen en China o en la India, en Japón o en Australia, en Francia o en Argentina, en Suráfrica o en Estados Unidos. Es un nombre universal. Y especialmente querido. Tuve ocasión de conocerle en Oviedo, en el acto de los Premios Príncipe de Asturias, tan sabiamente organizado por Graciano García. Es un hombre muy simpático, inteligente, sencillo, sin la menor pose. Comprendo que cautive a los espectadores del mundo entero. Y tiene razón Santana. Por mucho que moleste a algunos, la palabra de Rafa Nadal es escuchada en todo el mundo e influye o puede influir sobre centenares de millones de personas. Esa es la pura verdad. No es el español más influyente en España, pero sí el español más influyente en el mundo. Lo que pasa es que nuestro campeón no suele ejercer su capacidad de influencia y se limita generalmente a hablar de lo que sabe: de tenis.

Luis María ANSON

de la Real Academia Española

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