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el director artístico del teatro real publica libro

Gerard Mortier desvela en [i]Dramaturgia de una pasión[/i] los secretos de la ópera

martes 14 de septiembre de 2010, 16:26h
Todavía no lleva ni un mes al frente del Teatro Real como director artístico, pero el interés que ha despertado en los medios ha superado cualquier expectativa. No es de extrañar, porque Gerard Mortier ha llegado a la capital desde París, precedido de su fama de polémico, pero lo cierto es que, después del primer estreno de la temporada, Eugenio Oneguin, los aficionados madrileños a la lírica aún no saben qué esperar de su gestión. Con la presentación de su libro titulado “Dramaturgia de una pasión”, seguro que el misterio quedará desvelado, porque se puede considerar al mismo un auténtico manifiesto acerca de la dirección artística de un teatro de ópera, en el que analiza las razones que llevan a seleccionar los diferentes títulos que formarán parte de la programación de una temporada, una selección que nunca se debe al azar o al gusto del público.
En “Dramaturgia de una pasión”, el autor, que ha sido traducido por Santiago Salaverri, presente esta mañana en la presentación del libro junto a Jesús Espino de Ediciones Akal, aborda temas tan prometedoramente esclarecedores como el de cuál ha de ser la misión del teatro o acerca de la problemática de la puesta en escena de una obra. Para Mortier, el teatro en Europa es esencialmente político y aunque pueda no ayudarnos a cambiar, tiene que tratar siempre de obligar al espectador a reflexionar y, por ello, defiende que las programaciones de las grandes instituciones artísticas no vean al público como meros consumidores. Se trata, en realidad, de ver al público como una comunidad, cuyos miembros van a hacer un camino juntos en el que atravesarán por diversas emociones como el amor, el deseo o el dolor, pero nunca puede traducirse en la mera selección de diez o doce óperas que llenen la temporada, incapaz de cumplir con una función de formación ciudadana.

Por otra parte, el propio Mortier ha admitido que será el capítulo dedicado a la dramaturgia de la obra el más discutido y pone como ejemplo la primera ópera de la temporada estrenada en Madrid la última semana, Eugenio Oneguin, para explicar cómo ve la puesta en escena de una determinada obra. Y es que, según el director belga, lo fundamental es mirar al espíritu de la ópera, estudiar la partitura que está compuesta por tres elementos: la música, las palabras y la escena. Es la partitura la encargada de reflejar la idea original del compositor, la totalidad de su pensamiento y hay que tener en cuenta siempre el momento en el que el compositor escribió la obra, dedicando un profundo estudio a la época en la que se estrenó la obra. Y se defiende ante aquellos que le acusan de estar fundamentalmente interesado en la escena, porque, de hecho, afirma, él proviene del mundo de la música.

Por último, el libro incluye un capítulo dedicado especialmente al canto, ya que su fuerza emocional es, para Mortier, el elemento matriz de la ópera. Y destaca a María Callas porque cantaba con verdadera expresión, cambiando la voz para expresar los sentimientos de su personaje. Y es que un cantante es un todo, es la voz, es el personaje y es la expresión. Por ello, cuando se trata de óperas de Verdi, Mortier habla del gran problema que se plantea para su representación, ya que actualmente resulta complicado encontrar los cantantes adecuados para interpretar esos papeles y él mismo lanza dos preguntas: ¿Quién puede cantar hoy un buen Don Carlo? ¿Puede haber hoy un buen Otello sin Plácido Domingo? Mortier tiene muy claro que no quiere hacer obras que exigen grandes cantantes sin grandes cantantes.
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