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Comienzo de curso

Juan José Solozábal
jueves 16 de septiembre de 2010, 18:24h
Me ha pillado el comienzo del curso académico en Valladolid, en mi vieja Universidad, donde he sido invitado a la lectura de una tesis doctoral. Nada hay tan estimulante en la vida académica que comprobar la capacidad de la vocación universitaria para atraer en estos tiempos en los que se abomina del esfuerzo y la profundidad y se cultiva el brillo engañoso de lo efímero, a jóvenes inteligencias que dedican algunos años a estudiar un problema acrecentando así, aunque sea en breves cuartas, lo que se sabe sobre una determinada cuestión.

Hemos pasado de la antecámara que es una Sala que ha sido de Juntas al Salón de Grados de la facultad. La doctoranda está a punto de comenzar en el uso de la palabra a exponer el tema de su tesis, una cuestión importante sobre la inmigración, en concreto la expulsión del menor en situación irregular. He tenido un momento de ensoñación. He imaginado que abandonaba la presidencia del acto y pasaba a integrar el público que llena el aula. Es también media mañana, pero las sillas no tienen la comodidad que hoy ofrecen, son de cuerda y cansan cuando la clase se prolonga. Aparece algún maestro de la carrera. Puede ser don José Girón , el catedrático de mercantil, que acude a clase con un joven ayudante cuya exposición, quizás sobre la codificación o el portador de la letra de cambio, va escuchar el reputado profesor. Puede que haga alguna observación que deseamos sepa responder el discípulo cuyo azoramiento e inquietud se trasladan a nosotros. Don José se formó en Madrid, con don Joaquin Garrigues. Es de Sanlúcar de Barrameda, y, lo sabemos enseguida los alumnos, está casado con una bilbaína. Nos conoce a todos; por todos se interesa. Es un jurista riguroso, que domina su campo de especialidad, pero nosotros lo estimamos especialmente porque no se acantona, como otros, en los estrechos límites del positivismo, sino que, conocedor de la sociología del derecho y los maestros de la historia económica, comenzando naturalmente por Max Weber, también mercantilista en su momento, se preocupa por la eficacia y la funcionalidad social de las normas.

O tal vez es algo más pronto, quizás es la primera hora de mañana, y dará la clase el magistrado don Federico Carlos Sainz de Robles. Hemos coincidido antes en la cafetería, Montesol, donde ha sonado, en el tocadiscos del bar una sardana la Santa Espina, con música modernizada. Me ha dicho que hace unos años estuvo prohibida, como otras muestras de la cultura catalana. Don Federico está encargado de la cátedra de procesal, que ocupa, de otro lado, como titular un ilustre profesor, en tiempos de la República, joven letrado del Tribunal de Garantías y que reside en Madrid. Valladolid tan cerca de Madrid. Don Federico es un orador extraordinario: se acompaña en clase exclusivamente de una Ley de Enjuiciamiento Criminal, no se sienta: seduce y convence con la palabra. Explica un derecho procesal ligado al iluminismo benevolente de la Institución, quizás con un barniz más cristiano que laico. Sumamente garantista y un pelín despegado del Estado y su razón. Cuando acaba la clase se irá a la Audiencia. Adora su profesión. Don Federico es el hombre más bueno que he conocido: siempre tiene una palabra para todos sus alumnos sin discriminación de ideología o inteligencia. Le gustan los toros y el anís de Machaquito, que se bebe en la tertulia, quizás en Granja Terra, de la familia de mi amiga Aurora García, a la que acude.

Pero no, la clase es de Penal. No viene el catedrático. Está en Madrid. Madrid tan cerca de Valladolid. Le sustituye su ayudante un joven profesor, Ángel Torío, cuya soltura y agudeza expositiva, su rapidez mental y brillantez son insuperables. Aquí se ofrece una lección inolvidable de la Universidad, donde no infrecuentemente, se imponen sobre órdenes y grados, antiguo régimen al fin, de manera indiscutible, como en este caso, la inteligencia y la valía.
Perdonen, debo proceder, vuelvo a la realidad cuarenta y dos años después. Tiene la palabra….

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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