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Eppur si muove

La Compañía de la Calavera

viernes 24 de septiembre de 2010, 11:32h
Antonio Hualde habla de la primera únidad de fuerzas especiales en la Guardia Civil.
Mucho se ha escrito y se ha dicho sobre el Desembarco de Normandía. Entre otras cosas, que fue la primera operación tanto anfibia como aerotransportada a gran escala, siendo ambas inexactas. Más que nada, porque el primer desembarco anfibio lo llevaron a cabo los ingleses en 1741 durante el sitio de Cartagena de Indias -saldado con una humillante derrota para ellos-, donde el insigne marino español Blas de Lezo, con 6 vetustos barcos, derrotó a 186 buques británicos. Y la primera gran operación anfibia a gran escala se produjo durante el Desembarco de Alhucemas, en 1925. Allí España derrotó a un estado hoy desaparecido, la República del Rif -parte del actual Marruecos-. Más de uno adquiriría una experiencia de combate que le sería de suma utilidad en el conflicto que años después partiría el país en dos: la Guerra Civil.

Entre ellos, el joven alférez Roger Oliete, distinguido por su arrojo en el campo de batalla. En los archivos militares se guarda una reseña según la cual “durante el intenso cañoneo enemigo que sufría el Batallón, una granada cayó contra el parapeto de primera línea en el que estaba situada la 3ª Sección al mando del Alférez Roger Oliete, abriendo una brecha de tres metros y causando cuatro heridos de metralla y piedras lanzadas por la explosión. Ni un solo hombre de la Sección hizo ademán de moverse de su puesto; todos continuaron en él con su Oficial al frente dando pruebas fehacientes de la más completa disciplina y del más sereno valor". Quizá por eso, años después sus superiores pensaron en él a la hora de formar una fuerza de choque que se batiría el cobre nada menos que en el frente de Teruel en 1936. Así, el capitán Oliete se convertiría en el jefe de una de las unidades más legendarias de toda la Guerra Civil, y la primera del mundo con la categoría de “fuerzas especiales”. Su nombre, “la Compañía de la Calavera”.

Dicho nombre les venía por su escudo de armas, consistente en una calavera y las letras “G. C.” -Guardia Civil- sobre fondo negro. Estaba formada únicamente por voluntarios, todos ellos miembros de la Benemérita solteros y en excelente forma física. Dado lo riguroso del clima en aquella zona -llegaron a alcanzarse temperaturas inferiores a los 20 grados bajo cero-, al uniforme reglamentario de la Guardia Civil le añadía gruesos capotes y prendas de abrigo; eso sí, siempre con el distintivo bien visible. Fue tal su fama que la sola visión de sus emblemas hacía que muchos rehuyesen el combate al ver que al otro lado había un “Calavera”. Hasta las propias columnas anarquistas, como la célebre “Columna de Hierro”, les temían. En la defensa de posiciones tan estratégicas como El Cabezo o La Sarteneja, los “Calavera” mostraron un arrojo sin precedentes. Tenían hasta mascota, un perro llamado “Toby” que también participaba en labores de reconocimiento, ladrando cuando detectaba algún enemigo en la zona. También “voluntario” -se presentó un buen día en el acuartelamiento de Teruel, y allí se quedó-, puede decirse que murió en acto de combate, ya que recibió un tiro mientras inspeccionaba una trinchera. Como otros tantos.
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