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Así son los inquilinos de La Moncloa

Confidencias monclovitas. La secretaria de los presidentes del Gobierno revela sus secretos

domingo 26 de septiembre de 2010, 19:18h
Si alguna vez sintió la curiosidad de adentrarse en el palacete situado al comienzo de la carretera de La Coruña para cotillear que se cuece en el interior de la residencia oficial de los jefes del Gobierno, disfrutará con “Los presidentes en zapatillas”.
La que ha sido la secretaria de Suarez, Calvo-Sotelo, González, Aznar y Zapatero, María Ángeles López de Celis desvela algunos de los secretos, manías y aspectos de la vida familiar de los que han gobernado España durante los últimos treinta y cinco años.

“Síndrome Moncloa”
Cinco hombres muy diferentes entre sí que la autora ha conocido en la intimidad. A todos ellos, excepto a Calvo-Sotelo, su secretaria les diagnostica una peligrosa enfermedad. “Se trata de un conjunto de síntomas que acaban derivando en verdadero Alzheimer que hace olvidar todas las promesas y los buenos propósitos de los candidatos electos antes de tomar posesión de su cargo” Esta enfermedad, explica, “suele dar la cara a partir de la segunda legislatura y se hace especialmente resistente a cualquier antídoto si las urnas proporcionan la mayoría absoluta”.

José Luis Rodríguez Zapatero ya la padece. A su parecer, el presidente del Gobierno está alejado de la realidad, y, a pesar de su defensa aférrima por la tolerancia, comienza a destacar por su “intolerancia a las críticas”. Zapatero está convencido de que gobierna “bien o muy bien”. Además, aqueja “el síndrome de la madrastra de Blancanieves. Se mira al espejo y se pregunta, o, mejor, afirma directamente, que él es lo mejor que le ha pasado a España en su historia reciente”.

Con respecto a su carácter, su secretaria lo define como “un hombre tranquilo” que “irradia paz, sosiego y optimismo”. Es, en opinión de su mujer, Sonsoles Espinosa, demasiado tolerante con sus hijas pues considera que es “mejor incentivar con estímulos y no con imposiciones”. En cuanto a la actual primera dama, la escritora asegura que “no ha cedido un palmo en su celo por proteger su intimidad”.

De José María Aznar destaca su adustez, su capacidad de trabajo y su autodisciplina. López de Celis cuenta que a pesar de que aprendiera de González “que no se deben desatender los asuntos de casa, se le olvidó que lo no se puede es gobernar como si el país fuese un coto privado”. “Se volvió egocéntrico y despótico”.

Entre algunas anécdotas sobre el paso de la familia Aznar por La Moncloa, la autora se detiene en el afán por la decoración barroca de Ana Botella y la antipadía que profesaban los perros del presidente hacia Francisco Álvarez-Cascos.

Con Felipe González “era muy fácil trabajar” pues todos en la sede presidencial “le llamaban ‘Felipe’, aunque no le conocieran de nada”. El sevillano precisó de un sastro para “intentar remediar ese ‘look’ a lo Curro Jiménez”. Concluye, en definitiva, que “era un líder nato” que “no seduce, hipnotiza”. Sin embargo “derivó en un cierto caudillismo y el país se le quedó pequeño, por lo que prefirió traspasar fronteras (…) a la vez que se enteraba de los problemas de España por los periódicos”.

La independencia de su mujer, Carmen Romero, le llevó a organizar todos los viernes cenas informales para los intelectuales de la época en un sótano de Palacio convertido en bodeguilla andaluza,

Los ocho hijos de Leopoldo Calvo-Sotelo invadieron hasta las buhardillas del palacete mientras su padre disfrutaba tocando el piano, “instrumento en el que era casi un virtuoso”. María Ángeles afirma que “fue, sin duda, el presidente de mayor talla intelectual de la democracia”.

Adolfo Suárez “era un seductor y las mujeres lo adoraban”. Explica la autora que “llegó a ofrecerse de nuevo al Rey, tras haber dimitido y designado sustituto, para recuperar la Presidencia del Gobierno después del 23-F. Tal vez rozó el delirio cuando la Transición se convirtió en un éxito reconocido dentro y fuera de España, y Suárez, pensando en exportar el modelo, llegó a sugerir la misma estrategia para solucionar el problema de Oriente Medio”.
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