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Colombia más cerca de la paz

martes 28 de septiembre de 2010, 11:48h
Colombia es uno de los grandes países de América y lo digo con pleno conocimiento de causa porque he tenido la inmensa suerte de vivir en Cartagena de Indias durante algo más de tres años. He conocido en primera persona las excelencias de este país, que son muchas más de las que la gente pueda imaginar y también he podido comprobar las miserias que algunos de sus ciudadanos padecen.

Esta gran nación americana posee una rica tierra, con amplios cultivos y cosechas envidiables. Igualmente, su ganadería e industria son de primer orden. Pero además en su subsuelo se encuentran oro, plata, gemas preciosas, entre otros muchos minerales. También produce petróleo suficiente para autoabastecerse. Su litoral está bañado por el océano Pacífico, por el mar Caribe y cuenta con la inmensa cuenca fluvial que forma el padre de todos los ríos, el grandioso Amazonas.

Se puede afirmar que el analfabetismo está prácticamente erradicado en todo el territorio y la mayoría de sus 40 millones de habitantes han podido asistir a la escuela en donde han adquirido una buena cultura general. En sus universidades, de elevado nivel académico, se gradúan excelentes profesionales con preparación suficiente para poder competir en cualquier mercado laboral.

Pero claro, como este país posee de todo y en abundancia, también, desafortunadamente, tiene corrupción, guerrilla, narcotráfico y delincuencia, que como si se tratara de un cáncer salvaje, va carcomiendo las entrañas de un pueblo que mayoritariamente quiere vivir en paz.

Los colombianos llevan muchos años soportando y luchando contra la lacra de las guerrillas, sea cual fuere su denominación –FARC, ELN, AUC- , pues al fin y al cabo todos los que las integran, sin excepción, son terroristas que viven del bandidaje, la extorsión y el asesinato que cometen impune e indiscriminadamente. Desde hace años estas guerrillas colaboran abiertamente con los narcotraficantes y cobran cánones muy sustanciosos por “proteger” los campos de cultivo de coca y dormidera, los laboratorios de cocaína y heroína y “asegurar” el libre paso de la droga por las vías de comunicación, que son fundamentalmente los cauces de los grandes ríos.

Una de las mayores fuentes de financiación de los insurgentes procede del mercado de la droga. Y no nos equivoquemos, estos mal llamados ejércitos revolucionarios, liberadores o defensores del pueblo colombiano, lo único que pretenden es enriquecerse con lo ilícito y les importa un bledo las libertades y derechos de sus compatriotas.

En estos últimos años el Gobierno de Colombia ha propinado duros reveses a los integrantes de las guerrillas abatiendo a importantes jefes de los insurgentes y en otras ocasiones liberando a rehenes de carisma internacional. En este orden de cosas, hace pocos días el ejército colombiano ha vuelto a dar un fuerte golpe a las FARC, eliminando a uno de los más sanguinarios terroristas, Víctor Julio Suárez Rojas, apelado Mono Jojoy, un implacable asesino que representaba la continuidad de la criminal ideología de su jefe, ya muerto, Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda Vélez o Tirofijo.

Estoy seguro que esta muerte, además de perjudicar seriamente a las FARC, traerá consigo importantes logros en la lucha contra los cultivos de coca y los narcotraficantes, que quedarán con menos apoyos en los campos, en los laboratorios de la selva, así como en los corredores de distribución.

Aunque no me alegro por la muerte de ningún ser humano, por sanguinaria y repulsiva que haya sido su vida, no puedo por menos que felicitar al pueblo colombiano y a los amigos que allá tengo, por esta acción del ejército de Colombia sobre la guerrilla de las FARC. Hoy Colombia está un poco más cerca de conseguir vivir en paz, libertad y prosperidad.
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