Doble rasero con la pena de muerte
miércoles 29 de septiembre de 2010, 01:13h
Ayer martes eran ejecutados en China tres hombres acusados de asesinato, mientras en Irán Sakineh Mohamadi Hastían espera que se cumpla su condena a muerte, tras haber sido declarada culpable de adulterio. Hay, por desgracia, bastantes más casos de países con pena de muerte. Sin embargo, leyendo determinada prensa, da la impresión de que sólo Estados Unidos recurre a ella con frecuencia. Y la realidad es bien otra. A tenor de la ejecución hace una semana de Teresa Lewis en el estado de Virginia han salido a la luz algunos datos reveladores sobre este particular. Por ejemplo, que desde 2005 no moría ejecutada ninguna mujer en Estados Unidos. Y que la media de tiempo que debe esperar un condenado a la pena capital en el llamado “corredor de la muerte”-en los pocos Estados donde existe la pena de muerte- supera en ocasiones los 15 años, de lo que se deduce que no hay una rotación precisamente elevada de ejecuciones en el sistema penal norteamericano. Un sistema, por cierto, asentado sobre sólidas convicciones democráticas, lo que implica que sus ciudadanos disfrutan de derechos tales como el de un juicio justo.
No pueden decir lo mismo en otras partes del mundo. Cubanos, iraníes o norcoreanos entre otros muchos saben que la justicia en sus respectivos países es poco menos que una quimera. Situación que se agrava para las mujeres que viven en lugares donde el Islam es la religión predominante. Sea como fuere, la pena de muerte es igual de cuestionable con independencia de criterios geográficos o de otra índole. Cierto es que en Estados Unidos, al menos, los reos tienen una serie de garantías procesales y que los delitos por los que pueden ser condenados son especialmente graves, aunque ello no justifica que muera un ser humano en aras de la justicia. Pero es aún más reprobable que haya partes del mundo donde se mata a gente por “crímenes” tales como la homosexualidad o el adulterio, o simplemente por atreverse a opinar de manera diferente. O todos, o ninguno. Porque si se criticó la ejecución de la semana pasada en Estados Unidos, otro tanto debe hacerse con el resto.