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fiestas en la concetración alejadas de la responsabilidad

Convocatoria de selecciones, el guateque nacional

sábado 02 de octubre de 2010, 06:52h
Convocatoria de selecciones, el guateque nacional
Jugar con la selección es el sueño de cualquier futbolista”. Así definía sus sentimientos Víctor Valdés segundos después de concluir el encuentro entre España y Corea que sirvió para que por fin debutara como internacional el meta del F.C. Barcelona. Pero esta emotiva muestra de orgullo por vestir la camiseta nacional no es genuina de Valdés, sino que la expresión “es el sueño de todo futbolista” se ha incorporado a la amalgama de frases hechas que gobiernan el discurso de los deportistas. El máximo hito profesional al que aspira un jugador de fútbol es jugar un Mundial representando al país de origen, ya lo explicaba el niño llamado Diego Armando Maradona, cuando concedió una entrevista en la cancha de tierra donde asombraba cuando todavía no ganaba dinero con el balompié.

El amor platónico del jugador por los colores de su equipo nacional sigue vivo en el universo futbolístico, sin embargo se están observando ciertas muestras de estancamiento en ese orgullo patrio. La relajación en las convocatorias ha provocado cierto acomodamiento de los futbolistas que acuden a competir en compromisos internacionales, relajando la intensidad que se presupone al deportistas que defiende los colores de su país. El último y llamativo caso ha sucedido en México, donde una salida nocturna de los seleccionados aztecas se ha convertido en una guerra civil entre la federación y los pesos pesados del combinado nacional.

El pasado 7 de septiembre México ganó a Colombia por un tanto a cero en la ciudad de Monterrey. Tras la victoria, algunos jugadores pertenecientes a la concentración del equipo nacional decidieron festejar el triunfo en el hotel. La fiesta se prolongó y al acto acudieron -según señaló la prensa mexicana- varias prostitutas. El resultado del guateque: Carlos Vela y Efraín Juárez, dos representantes de la nueva hornada de jugadores que representan al “Tri”, excluidos de las convocatorias durantes seis meses. Además, la Federación Mexicana de Fútbol multó con 3,900 dólares a Javier Hernández, Giovani dos Santos, Rafael Márquez, Guillermo Ochoa, Francisco Rodríguez, Carlos Salcido, Andrés Guardado, Gerardo Torrado, Pablo Barrera, Enrique Esqueda y Héctor Moreno. Es decir, casi todo el plantel seleccionado cayó “con las manos en la masa”.

Lejos de acatar la sanción con resignación, el capitán Rafa Márquez y otros 12 jugadores decidieron renunciar a la selección y al orgullo de representar su país si no se cumplían ciertos requisitos por parte de la Federación. La carta firmada explicaba, entre otros condicionantes, que debía despedirse al director de selecciones, Néstor de la Torre, por su presunto manejo fraudulento de la información concerniente al equipo. La federación apoyó a su director de selecciones y la guerra interna se resolvió con la convocatoria del seleccionador interino para el próximo enfrentamiento ante Venezuela. En la lista figuran los 11 revolucionarios que fueron sancionados, excepto los dos apartados de la selección.

La primera perjudicada de la irresponsabilidad de los seleccionados es la escuadra nacional mexicana, que a pesar de gozar de un grupo de jugadores jóvenes guerreros y con calidad, está asistiendo al deterioro de su imagen y al sistemático desmoronamiento del grupo en los grandes torneos. El devaneo del pasado mes de octubre enturbia aún más el panorama de una de las selecciones con más potencial a nivel internacional.


Pero la relajación en la irresponsabilidad por relajación al defender los colores del país no es un mal que sufra México de manera exclusiva. El irrepetible grupo de estrellas que configuran la selección española campeona del mundo también sucumbió a las tentaciones de la excesiva camaradería dentro del vestuario. El carrusel de amistosos tras coronarse en Sudáfrica llevó a nuestros internacionales a Buenos Aires. El oasis de tranquilidad que representa una convocatoria nacional, alejado del estrés de responsabilidad de los respectivos clubes, significó en esta ocasión una oportunidad de conocer la fiesta bonaerense más de cerca. El resultado, portadas hirientes en la prensa argentina y una humillante derrota en el Monumental de River Plate. Messi, Higuaín y compañía endosaron un 4-1 al desorientado grupo de Del Bosque, sonrojando a los campeones del mundo con la corona recién estrenada.

El caso más terrible de olvido de los valores de representación de un país y “el sueño de todo futbolista…” aconteció en el pasado Mundial sudafricano. La selección francesa, con Nicolas Anelka a la cabeza, protagonizó uno de los episodios más lamentables de la historia del balompie: los seleccionados se negaron a entrenar y jugar en un Mundial. Esta actitud deleznable consiguió que el parlamento francés reclamara al seleccionador Domenech al estrado para explicarse. Tras un carrusel de disculpas y el cambio de seleccionador, son ahora los sponsors los que recuerdan el ridículo a la Federación Francesa de Fútbol. Adidas, GDF Suez y Credit Agricole solicitan el reembolso de más de seis millones de euros invertidos en la campaña sudafricana. Esta es la primera vez que un sponsor exige el reembolso de parte del dinero invertido en un deportista.


Otro caso palpable de olvido de la relevancia del “cargo” cuando se es seleccionado por la selección nacional es Inglaterra. Hace décadas que la selección británica no enamora a sus aficionados y alcanza posiciones ilustres en torneos importantes del balompié. Los inventores del fútbol ya no recuerdan cuando ganaron su Mundial. Una de las razones del descorazonador bagaje en los últimos años quizá sea la actitud de sus jugadores. El mayor hito recordado con seleccionados ingleses como protagonistas nos remonta al año 2007. Inglaterra se jugaba ante Croacia su pase a la Eurocopa de Austria y Suiza. El equipo fue derrotado por el bloque balcánico y los británicos se quedaban fuera ante todo pronóstico. Días después, el diario News of the World actuó como portavoz de la verdad: días antes del trascendental partido, fiesta, sexo y alcohol. Con motivo del cumpleaños de un internacional de la época, Shawn Right-Phillips, algunos internacionales armaron un gran jolgorio en un local de strip-tease. John Terry, ex capitán del combinado nacional, fue acusado de bailar estando lesionado de una rodilla, vomitar y orinar en el suelo. Incluso otro internacional, cuyo nombre no salió a la luz, fue acusado de mantener relaciones sexuales con una bailarina cerca del ropero del local.

El futbol, como todos los deportes, está experimentando cambios rápidamente, y las actitudes de los jugadores en ocasiones van por delante del organigrama del balompié. El ansiado premio al duro trabajo en un club era la llamada del seleccionador para representar a tu país en alguna competición internacional. Quizá en la actualidad se mantenga esta idiosincrasia aunque, sin duda, con matices. La falta de compromiso de los futbolistas cuando llegan a las concentraciones nacionales rompe con el orgullo y la responsabilidad de antaño. Estos son algunos ejemplos de actitud negativa en torno a la convocatoria de las selecciones, sin embargo, siguen representando la excepción que confirma la regla.

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