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exposición en la biblioteca nacional

Los gozos y las penalidades de un centenario Miguel Hernández

lunes 04 de octubre de 2010, 16:10h
Fotografías, documentos, retratos y manuscritos reunidos en la Biblioteca Nacional para recordar a Miguel Hernández en el centenario de su nacimiento. El poeta autodidacta, enamoradizo, azotado por las atrocidades de la guerra y alentado por la esperanza, encuentra en esta exposición un homenaje merecido a través de la especial relación que mantuvo con los suyos, además de con las destacadas amistades de las que se rodeó.
Dividida en cinco secciones que recorren su vida y obra, la exposición que este lunes se ha inaugurado en la Biblioteca Nacional dedicada a Miguel Hernández repasa la reconocida trayectoria del poeta en el centenario de su nacimiento. A través de fotografías, documentos, manuscritos, libros, pinturas y carteles propagandísticos el visitante recorre con la mirada y los sentidos lo que significó este poeta para la vida cultural española del siglo XX.

La primera sala de la muestra alberga una primera prueba de que desde edad bien temprana, Hernández ya flirteaba con la poesía. Durante la época en la que desarrolló sus primeros estudios, antes de dedicarse al pastoreo por expreso deseo de su padre, ya escribía en poemas en un manual de lengua latina. El poeta que firmaba sus creaciones con “Miguel” y que siempre se despedía en sus cartas a Josefina Manresa, su querida esposa, con un “Adiós” en mayúsculas e incluso un dibujo de un corazón atravesado por una flecha, encontró en el ambiente literario y cultural de Madrid el lugar en el que madurar sus trabajos.

Carta de amor a Josefina Manresa y fotos (Foto: Manuel Engo)


De Orihuela, su localidad de nacimiento, se trasladó a la capital animado por los aplacados tiempos de la II República. Pese a que se ha sabido que fue un apasionado de Madrid, su primera impresión de la ciudad no fue la que esperaba. Se lo contó en una carta a su apreciado amigo Ramón Sijé: “Madrid no es como yo soñaba. No me ha causado ninguna impresión grata”.

Sijé no fue el único intelectual de quien se rodeó. Pablo Neruda y Vicente Aleixandre fueron quienes más se aproximaron a él, al tiempo que Hernández profesó su admiración por María Zambrano y Federico García Lorca. Ramón Gómez de la Serna y José Bergamín fueron otros de las personalidades que coincidieron con el poeta de Orihuela. La ayuda de ambos en la carrera de Miguel Hernández por introducirse en la vida cultural de Madrid fue fundamental.

La guerra iba a dar al traste con la destacada evolución de Miguel Hernández en el panorama literario y periodístico del país. Tanto es así que fue en 1935 cuando su escritura adquiere otro cariz, lo que lo convierte en un año decisivo.

Ficha de guerra de Miguel Hernández (Foto: Manuel Engo)


Conmueve avanzar en la muestra desde los tiempos inocentes de un joven poeta en su camino por descubrir la vida hasta toparse con el estallido de la Guerra Civil, cuando en las fotos que lo retrataron cambia su humilde indumentaria por la del 5º regimiento a los 26 años, al que se afilió al tiempo que lo hacía en el Partido Comunista. Una ficha de guerra ampliada y colgada en la pared, a la que acompaña una grabación de su voz –la única que existe-, sirve de antesala a unas salas en las que el horror de la persecución, la condena, la cárcel, la muerte y la censura envuelven el ambiente en un profundo recogimiento, que culmina con las canciones del último disco de Joan Manuel Serrat en el que pone músico a los versos del poeta.

La exposición "Miguel Hernández: la sombra vencida" puede visitarse desde el 4 de octubre al 21 de noviembre. De diciembre de este año a febrero de 2011 está previsto que se traslade al Palacio de Congresos de Elche. Está organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y su comisario es José Carlos Rovira.
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