Jordi Gracia y Domingo Ródenas (ed.): El ensayo español. Siglo XX. Crítica. Barcelona, 2009. 1.008 páginas. 33 €
Debo comenzar pidiendo disculpas al lector por invitarle a leer la reseña de un libro que lleva en las librerías más de un año, aunque añadiré en descargo del causante del pequeño dislate, que no es sino quien esto firma, que se trata de un libro no precisamente pegado a la piel de los acontecimientos, sino llamado a perdurar entre estudiosos y aficionados a los buenos libros.
Hay que agradecer a la editorial Crítica y a sus autores, Jordi Gracia y Domingo Ródenas, el esfuerzo, sin duda coronado por el éxito, de fabricar un volumen capaz de contener lo esencial del
ensayismo español del siglo XX, género literario que renació justamente con el siglo que había de contemplar su espectacular y rico despliegue. Se salvaguarda así un legado que de otra manera se perdería, que estaba perdido, de hecho, en las bibliotecas de los departamentos universitarios o en las hemerotecas de las publicaciones periódicas.
Es inevitable asociar el género antologado con su creador, Michel de Montaigne, y con la modernidad, a cuyo afán de novedad y de búsqueda sirve perfectamente. Los autores lo hacen anteponiendo a su estudio introductorio un
motto tomado del ensayista francés. Pero además asumen el riesgo de sugerir que la plena incorporación de la cultura española a la modernidad europea no se produce hasta la llegada del siglo XX, aunque hunda sus raíces en determinados episodios intelectuales del XIX. Los escritores que abren la antología son Ángel Ganivet y Miguel de Unamuno, nacidos en 1865 y en 1864 respectivamente, no sólo por razón de fechas sino porque la modernidad en el pensamiento español acontece con el cambio de siglo –la crisis finisecular–, complejo momento creativo donde se entrecruzan las hebras de lo que damos en llamar Generación del 98 con el modernismo literario europeo e hispano-americano; y llega hasta un ensayo de divulgación científica firmado por Jorge Wagensberg fechado en 2007. No es pues el siglo XX, sino la modernidad española hasta nuestros días lo que abarca este volumen de más de mil páginas, ochenta y un ensayos que cubren los ciento diez años que separan al primer autor del último.
Cada ensayo elegido va acompañado de una noticia sobre el autor y su obra, una bibliografía sobre el mismo y una breve nota en que se justifica la elección del texto. Abre la antología un ensayo sobre el ensayo que los autores han titulado “Biografía sintética de un género literario…” Biografía, es decir, historia, trayectoria vital de un género que se despliega en dos periodos de plenitud separados por la ruptura de la Guerra Civil y el tiempo que exigió la recuperación de cierta normalidad después del desastre. Los antólogos tratan este dramático intervalo con brevedad y rigor en los capítulos dedicados al exilio, que afectó a la mayoría de los grandes nombres del primer periodo, y a las consecuencias que se vivieron en la España franquista bajo la forma de una “quiebra liberal”, para decirlo con el título de uno de los epígrafes, y la ausencia de maestros que se vivió en las primeras décadas de la posguerra.
Lógicamente, la mayor parte del estudio está dedicada a ese primer periodo que desde el fin de siglo a 1936 damos en llamar “Edad de Plata” y que recoge el momento de máximo nivel de la cultura española en todas sus manifestaciones, y como no podía ser menos, también en la forma ensayo, en los tres grupos de creadores que se solapan en la mismas revistas, editoriales e instituciones culturales que compartieron por más de dos décadas los “viejos” del 98, los “maduros” del 14 y los “jóvenes” del 27, para decirlo aquí con las categorías tópicas pero eficaces que Gracia y Ródenas evitan cuidadosamente. La última parte está dedicada a reflexionar sobre la recuperación de la brillante tradición ensayística a partir de la transición política, como si el género tuviera, en su consistencia interna, algo que ver con la libertad política y el pluralismo cultural. A juicio de nuestro autores, el ensayismo que se despliega desde finales de los setenta, por los ochenta y noventa, no desmerece en riqueza temática, rigor de reflexión y brillantez estilística de las grandes cimas que conoció el ensayo en su edad de plata antes de que el siglo descarrilara.
Sobre el criterio de la selección, desde luego son dignos de figurar todos los que están y aunque algún erudito pueda echar en falta al polígrafo de su barrio, no se puede acusar de “particularismo” la selección efectuada. Es claro, y así lo reconocen en la nota “Sobre esta antología”, que conforme se acercan a nuestros años, los criterios se vuelven más frágiles y discutibles. Podían haberse evitado el compromiso cerrando la antología a finales de los noventa, pero creo que han preferido asumir el riesgo, como corresponde a la materia estudiada.
Sobre la ordenación de los ensayos, algo habría que decir en tono crítico, así como de la selección hecha respecto de algunos autores. No siempre se ha preferido el ensayo entero y se ha recurrido, el caso más notable es el de Ortega, a capítulos de libros. Y respecto de la ordenación, han preferido la fecha de publicación del ensayo, en vez de la de nacimiento del ensayista, lo que hace extraños compañeros de página. Por ejemplo, Luis Cernuda por delante de Antonio Machado y María Zambrano por detrás de Fernando Savater. Los autores lo justifican en la mencionada nota. En cualquier caso, se trata de cuestiones de menor cuantía que no desmerecen de la excelencia de la edición lograda.
Por José Lasaga