una festividad discreta
La Semana Santa en Israel, entre el fervor y la seguridad
lunes 17 de marzo de 2008, 22:02h
Que nadie se imagine procesiones masivas como las de España o fervorosas demostraciones de pasión religiosa. Además ayer, como en cualquier acto multitudinario en Jerusalén, la procesión del Domingo de Ramos estuvo fuertemente vigilada por el ejército israelí, lo que le restó cierto encanto, todo sea dicho. No en todos los países se celebran procesiones junto a jeeps militares y soldados cargados con M16. Se puede decir que debido a la actual situación política en Israel y dada la especial condición de la Ciudad Vieja (que está dividida en cuatro barrios diferenciados por religión), el horno no estaba para bollos. Pero en Jerusalén el horno nunca está para bollos.
Como es tradicional, la procesión arrancó en el Monte de los Olivos, donde según los Evangelios Jesucristo enseñaba a sus discípulos y desde donde bajó en la noche de su tración. La marcha continuó hasta entrar por la Puerta de los Leones, en el lado este, donde empieza la Vía Dolorosa. Entre cánticos en diferentes idiomas, entre ellos también el español, los participantes entraron en la Iglesia de Santa Ana donde se encuentran los restos de la Piscina de Bethesda, donde Jesucristo curó al paralítico.
Allí, en el patio de la iglesia, los peregrinos llegados de diferentes partes del mundo se animaron a bailar con la música en directo (eso sí, en árabe) y también se pudo ver a grupo de monjas y curas bailando rock juntos. La fiesta continuó una hora más hasta que la gente comenzó a dispersarse y aunque la procesión no bajó hasta la Vía Dolorosa, sí lo hicieron muchos peregrinos, aunque en grupos pequeños.
Y es que la Vía Dolorosa no invita a celebrar procesiones multitudinarias. Esta calle es tan estrecha en algunos tramos que hasta una pareja tiene que ir con cuidado para no tirar nada de lo que se expone en los tenderetes. Así que organizar algo parecido a las procesiones de Sevilla está fuera de cuestión. La Vía Dolorosa, donde Jesucristo realizó su último paseo desde la prisión en el Fuerte de Antonia (que marca la estación número uno) hasta la crucifixión en el Gólgota, donde está ahora situada la Iglesia del Santo Sepulcro.
La mayoría de las localizaciones de lugares sagrados del cristianismo en Jerusalén están basados en la interpretación que se ha hecho de los Evangelios. La Vía Dolorosa se estableció como ruta oficial hasta la crucifixión por los Franciscanos en el siglo XIV. El emplazamiento del Gólgota o Calvario y el lugar del sepulcro de Jesús fue fijado por Santa Helena, la madre del emperador Constantino, alrededor del siglo IV d. C. Según la leyenda, una vez que Constantino decidió que la religión oficial de Roma sería el cristianismo, envió a su madre a encontrar los lugares santos y traerse además diferentes reliquias. Santa Helena decidió que el lugar del Calvario y la tumba de Jesucristo estaban situados debajo de las ruinas de un templo romano y al cavar allí, encontró tres cruces que supuestamente curaron a cuanto enfermo tocaron.
Hasta la actualidad, muchos arqueólogos y estudiosos de la Biblia discuten la veracidad de estos emplazamientos. Hace un año, más o menos, un grupo de arqueólogos aseguró haber encontrado la verdadera tumba de Jesucristo en el barrio de Talpiot, al norte de Jerusalén. También muchos aducen que un lugar como el Gólgota, donde se ejecutaba a los prisioneros, nunca hubiese estado dentro de la ciudad ni tan cerca del palacio de Herodes.
A Jaime, español de Salamanca, no parece molestarle la autenticidad de estos lugares. Ha venido a pasar tres meses estudiando la Biblia con un amigo mexicano y mientras recorre la Vía Dolorosa en procesión, confiesa que le encanta poder estar aquí en Semana Santa porque “Jerusalén tiene una espiritualidad diferente”. Estos días se puede escuchar español por toda la Ciudad Vieja. Las calles bullen de peregrinos, pero la verdad es que los españoles se hacen oir más que el resto. Vienen hasta familias enteras y también abundan mucho los viajes organizados para la tercera edad. Se hace raro estar en un bazar árabe y de repente escuchar “¡Pepe, espérame!” a voz en grito.
Pero a pesar de que ésta es temporada alta para los vendedores en la Ciudad Vieja, sobre todo en el barrio cristiano, muchos se quejan de que las ventas caen en picado año tras año. La situación política de la zona hace que muchos posibles peregrinos se lo piensen dos veces antes de venir. Hace algo más de una semana, un terrorista mató a ocho estudiantes talmúdicos en Jerusalén. “El atentado ha hecho que la gente tenga miedo y no venga” dice Costa, dueño de un restaurante en el barrio cristiano, “y es una pena tener miedo en Jerusalén, que significa ciudad de paz”.