Hora y media de talento sobre el escenario del Teatro Bellas Artes de Madrid. José María Pou, en la piel de Orson Welles, encandila desde el minuto uno, desde que el telón rojo del escenario se abre y su abultada figura envuelta en una túnica del mismo color sangre atrapa la atención del público.
Dos seres fascinantes unidos bajo una misma apariencia se dan cita en el
Teatro Bellas Artes de Madrid.
José María Pou vuelve a encarnar a
Orson Welles dos años después de haber estrenado “Su seguro servidor: Orson Welles” en Barcelona. Lo hace con maestría y con un aplomo que sorprende y emociona. La intensa interpretación de Pou, además, divierte e, incluso, llega a asustar por igual.
La trama transcurre en un
estudio de radio, un día después del 70 cumpleaños de Welles. El cineasta se encuentra viejo y pasado de moda, lo que no le impide perder la esperanza de ver algún día estrenado su obra cumbre, “El Quijote”. Sin embargo, la realidad es otra. Pocos lo tienen en cuenta ya, ha dejado de ser el
niño prodigio y sólo le queda grabar anuncios publicitarios en la radio.

Ataviado con una
túnica roja que lo cubre entero, Pou, o Welles, atrapa la atención del espectador con su movimiento sobre el escenario, con sus subidas de voz, su secretismo en ocasiones y su chirriante sinceridad. Pou hace viajar al espectador a los años dorados del cine hollywoodiense y, con ellos, al pasado de Welles, donde no faltan
anhelos, muchos anhelos, mitigados por la escasez de dinero, gran hándicap en su carrera, y la falta de entendimiento de los que le rodearon.
Pou demuestra ser un
gigante de la interpretación. Merece la pena ver la función desde cerca, para poder apreciar la expresividad de su rostro. Sus ojos vidriosos, sus arrugas, su prominente nariz y sus gestos de asombro, sorpresa y felicidad.

Acompañado sólo en el escenario por
micrófonos y un técnico de sonido, Pou entabla decenas de conversaciones por teléfono con seres inexistentes. Resulta tan creíble que anima al espectador a imaginar la conversación de quien lo llama y meterse de lleno en la historia, tanto que uno espera que suene el
teléfono y que Steven Spielberg le ofrezca producir su Quijote, pese a que eso nunca ocurrió. Ahí reside la magia del teatro. Lo sabe muy bien Pou, quien encuentra en los escenarios un motivo para vivir. Algo que, nosotros, los espectadores, no podemos más que agradecer.
"Su seguro servidor: Orson Welles" en el Teatro Bellas Artes de Madrid hasta el 14 de noviembre.