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al paso

Carta para Barcelona

sábado 23 de octubre de 2010, 10:13h
Me escriben cortésmente desde Barcelona. Solicitan que me pronuncie acerca de determinados aspectos de la Sentencia sobre el Estatut. Me doy cuenta que he guardado un prudente silencio hasta ahora al respecto, siendo fiel, por una vez, a la máxima ignaciana, de que en tiempos recios, o alborotados, mejor esperar a que la tormenta escampe.

Me preguntan por mi valoración general de la Sentencia, si pienso que la misma afectará al autogobierno de Cataluña y en general al funcionamiento del Estado autonómico, y finalmente acerca de la relación del pronunciamiento del Tribunal con el debate sobre el futuro federal del sistema autonómico. Mis respuestas son francas y por derecho. Me interesa que se sepa que opino lo mismo para el público catalán al que mayormente se dirige la revista que me somete el cuestionario , En construcción, que para los lectores de este diario en toda España. De modo que, apunto en este recuadro, mis respuestas. Voilá.

1-Desearía que con el paso del tiempo se serenase un poco el ambiente y se tendiese progresivamente a considerar la Sentencia como consecuencia del juego normal de nuestras instituciones que, como en este caso concreto el Tribunal Constitucional, se han limitado a ejercer sus atribuciones. El Estado constitucional con todas sus deficiencias es naturalmente una organización seria y de actuación implacable. Como es lógico la Sentencia no nos gusta a casi nadie en su totalidad. Pero esto obviamente es lo de menos. Hay un Estatuto nuevo, que ha pasado en su, casi, integridad por el filtro del Tribunal: todas las competencias y los derechos. Y toda su importante parte identitaria. La interpretación del Tribunal, es cierto, completa y contextualiza el Estatuto: esto ni era evitable, pues conocida la jurisprudencia anterior era poco realista esperar otra cosa, ni supone lastre alguno para la puesta en marcha del Estatuto. Se viene a decir: es así el Estatuto, pero sin olvidar la base del sistema estatutario que es el orden constitucional. Bien mirado ¿cómo podía ser de otro modo?.

Lamento que estas cosas tan obvias no se hayan tenido en cuenta, pues integran la cultura constitucional que los dirigentes democráticos deben poseer. Pero tampoco es hora de afear conductas, y asistencias, que están en la mente de todos.

2- La Sentencia supone un paso adelante en dos aspectos. Desde un punto de vista formal, y a pesar de que tenía que resolver casi doscientas impugnaciones, bastantes de ellas manifiestamente infundadas, la Sentencia es muy clara y directa: evita lo farragoso y va directamente a las cuestiones, a lo que ayuda sin duda la franca separación que se establece entre antecedentes y fundamentos jurídicos y que facilita su lectura. Pero en cuanto al fondo también hay alguna novedad: acoge con gusto, los desarrollos federales del Estatuto. Sobre todo la idea de que las Comunidades Autónomas tienen algo que decir, no decisorio ni en los términos en que ellas establezcan, en el ejercicio de las competencias exclusivas del Estado. De modo que los títulos estatutarios no determinan las competencias del Estado, esto es, casi siempre las competencias de la Comunidad son compartidas; pero los Estatutos inciden en las competencias del Estado, que tampoco tiene totalmente competencias enteramente exclusivas, o que prescindan absolutamente de la participación autonómica.

3-Creo que esta Sentencia muestra hasta donde puede llegar nuestro Estado autonómico, hasta donde da de sí. En realidad aunque no lo reconoce expresamente , mas bien a mi juicio todo lo contrario: insiste en la diferencia entre el Estado autonómico y el federal, el Tribunal Constitucional hace una lectura federal de nuestro Estado autonómico. Nuestro sistema político territorial, sobre todo a raíz de la interpretación de las competencias de intervención o colaboración, es un verdadero orden federal: el rostro autonómico del Estado federal.

4-El problema que tenemos es distinguir no entre el Estado autonómico y el federal, en lo que a veces insiste la Sentencia, sino entre las formas políticas federativas y las confederativas. El catalanismo al que me apunto, creo que no ha sido nunca confederal. Ah, y tampoco nacionalista. Recordad , “les velles concepcions nacionalistas”…
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