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Contra las Moiras y Gea

sábado 23 de octubre de 2010, 15:49h
La de anchos pecho, Gea, la madre nutricia de la mitología griega que generosamente dio a luz a todo lo que es, desplegando el cosmos donde había caos. Generosa y reproductora, desde hace miles de años el hombre la penetra dolorosamente abriendo sus vetas y caminos en su interior en busca de lo que la superficie no le puede dar.

No le basta al ser humano con lo que puede recoger con sus propias manos a simple vista en la Tierra. No le basta con los frutos que cuelgan de los árboles por eso aprendió a cazar, a sembrar y a cosechar. Por eso mismo aprendió también a cavar. La infinita ambición humana lo hizo siempre ir más lejos: cultivar más, cavar más, pescar más, agrietando, erosionando, agotando y contaminando la Tierra por simple ambición.

En la era de la fascinación por la técnica, en la que los sueños de Julio Verne y otros tantos soñadores profesionales se han hecho realidad, la Tierra sufre violaciones a diario. Violaciones de su cuerpo y de su vida, precaria e inestable bajo amenaza del cambio climático.

Como la mitología griega contara el principio de los tiempos como la subversión de hijos contra padres, asistimos hoy al tiempo en que los varones se han revelado contra las mujeres; la violencia contra las mujeres, contra sus hijos y contra la Tierra misma son del mismo cariz: egoísmo y ambición que gozan del mismo sinsentido.

La minería ha copado nuestra atención durante el largo secuestro de Gea a los mineros chilenos. Las Moiras han tenido que relajarse y dejarles vivir para bien del espectáculo mediático. Y como la proeza técnica ha beneficiado al presidente chileno, por qué no se van a beneficiar los mineros. Fueron a buscar minerales de tercera y se encontraron con una veta de oro.

La coreografía de salida no ha podido ser más simple y más eficaz: minero sale, minero besa y abraza a mujer. Dos cámaras captan simultáneamente sus caritas. Minero da un paso adelante y abraza presidente de la nación. Dura labora la del gobernante del siglo XXI.

Pero esta ambición cuesta: cuesta el precio técnico del rescate y cuesta millones de vida en todo el mundo. Mientras 33 eran rescatados en China morían unos cientos. Más allá de las minas, el lodo rojo recorre el corazón de Europa sin remedio. Simultáneamente se celebra el fin del mayor túnel europeo: 20 años de trabajo, cientos de hombre encerrados bajo los Alpes para disminuir en una hora y media la conexión ferroviaria entre Francia e Italia, ¿no es absurdo? ¿Tanta prisa tenemos? Pero ¡prisa para llegar a dónde!.

De absurdeces vivimos, por absurdeces morimos. Eso sí, mientras nos lo permitan las Moiras y Gea, la de amplios pechos.
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