La Real Academia de Ciencias Morales y Políticas ha acogido este jueves la presentación de “Leopoldo Calvo-Sotelo, un retrato intelectual”, una obra en la que han sido recogidos textos de diecisiete autores que han indagado en la personalidad del ex presidente del Gobierno a través de un estudio pormenorizado de los libros que acumuló y leyó.

Dos años después de su muerte,
Leopoldo Calvo-Sotelo ha recibido este jueves un cálido homenaje en la
Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en forma de un libro, "Leopoldo Calvo-Sotelo, un retrato intelectual", en el que diecisiete autores abordan la complejidad de su persona y su categoría intelectual a través de un análisis de la temática de su
biblioteca, muy abultada y variada.
Han sido muchos los que han querido arropar con su presencia la publicación de un libro, de la que se ha encargado Marcial Pons Ediciones de Historia, que viene a acercar la figura del ex presidente del Gobierno desde un ángulo diferente al indagar en sus
inquietudes intelectuales y su vocación de
lector. De “gran inteligencia y profunda formación”, en palabras de
Marcelino Oreja, presidente de esta academia, Calvo-Sotelo ha sido reconocido por los presentes como un hombre que gozó de una cultura excepcional.
Seducido por su
curiosidad, Calvo-Sotelo es recordado como un ávido lector. Pero no uno cualquiera. A juicio de
Pedro Calvo-Sotelo Ibáñez-Martín, coordinador del proyecto, “fue un lector que no se dejó aconsejar, a quien le atraía la belleza literaria y gozaba del puro placer intelectual”.
Sus
lecturas no se ciñeron a la novela o a la historia. Su biblioteca, en este volumen estudiada, tiene espacio para obras sobre ciencia, física o filosofía. “Fue un lector de
temas abstractos”, dice Calvo-Sotelo, al tiempo que recuerda su particularidad de europeo y sus lecturas en francés e inglés.
Hombre de
“acción” y de “reflexión”, hizo de su biblioteca la de un lector
“serio”, dice Álvaro Delgado-Gal. Su sentido del “deber”, de la
“honestidad” y de la “lealtad”, según Alberto Oliart, lo llevó a aprobar la ley del divorcio bajo su mandato pese a ser profundamente católico. Aquel gesto demostró, a juicio de Oliart, que se trató de un hombre que “se interesó por la realidad de todos los españoles”.
Un tipo de persona que, según opina
José Varela Ortega, acumula un bagaje cultural “que no está al alcance de cualquiera”, lo que no impidió que gozara de “un gran sentido del humor”.
Entre los
autores que hacen su aportación figuran: Enrique Alarcón, Fernando Argenta, Carlos Bustelo, Ángel Cordobilla, Álvaro Delgado-Gal, Paloma Fernández Palomeque, Antonio García-Bellido, Antón García Abril, Olegario González de Cardenal, Antonio Lago Carballo, José María Martínez-Val, Eduardo Martínez de Pisón, Charles Powell, Jaime de Salas, Jaime Siles y Justino Sinova.