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MARCELINO CAMACHO

jueves 28 de octubre de 2010, 21:25h
Luis María Anson dirigió a Marcelino Camacho, con motivo de su noventa cumpleaños, la carta que reproducimos a continuación:

Querido Marcelino:
Te has convertido, a punto de cumplir noventa años, en referencia nacional de honradez, de seriedad, de coherencia de ideas, de la lucha
real contra la dictadura franquista. Por eso acudí al homenaje que el mundo de la cultura, el de la política, el sindical, te rindió en un abarrotado
Palacio de Congresos. Catorce años en las cárceles de Franco, ocho huelgas de hambre, persecuciones sin número, el equilibrio y la moderación en los albores de la democracia, te han convertido, en esta Monar­quía de todos, en excelentísimo señor, con grandes cruces, medallas de oro, reconocimiento general, albriciado todo por el cariño de tus amigos y el respeto general. Y siempre al lado de Josefina Samper, paloma brava, mujer inteligente a la que todo el mundo quiere. Junto a ella, no has hecho una sola concesión al lujo ni a las conveniencias, mientras discurre para ti el río de los trabajos y los días en tu acogedor y modesto piso de Carabanchel, donde Josefina me ofrece magdalenas y tú profundas palabras pedernales.

En los años sesenta, la lucha contra la dictadura franquista nos unió a todos y creó admiraciones y amistades profundas. Don Juan te admiraba. “Hay que estar al lado de Marcelino Camacho -me dijo un día en Estoril-. Todos los datos que me dan sobre él me han convencido de que se trata de un hombre honrado. Sin el sindicalismo profundo que él representa no se podrá construir España. Hay que contar con él”.

Muerto el caudillo dictador, te convertiste enseguida, querido Marcelino, en uno de los hombres claves de la Transición. Tu firmeza, tu flexibilidad, tu inteligencia, tu sentido de la realidad, tu conocimiento profundo del mundo del trabajo contribuyeron a hacer viable la España democrática de la que disfrutan ahora las nuevas generaciones.

Y un día, Marcelino, harto de las pejigueras con que te incordiaban en “El País”, te viniste conmigo al “ABC” verdadero para escribir durante diez o doce años espléndidos artículos en los que discrepabas de fondo de la línea del periódico con la seguridad de que nunca se te quitaría una coma. La verdad es que yo anhelaba esa colaboración contigo desde que el dictador me envió al exilio por la publicación de un artículo titulado La Monarquía de todos el 21 de julio de 1966. La policía franquista secuestró el “ABC” en la calle y se organizó un formidable escándalo.

Te rodearon en tu homenaje, querido Marcelino, fundador y presidente de honor de Comisiones Obreras, muchos de mis amores: Natalia Figueroa, que tiene la cara llena de ojos azules; Ana Belén, que estás en los cielos; Aitana Sánchez-Gijón, que es como el sueño del soneto - amaranta de Alberti-; Nuria Espert, que tenía la languidez de la caña verde cuando incendió Madrid con su Gigi, de Colette. Abracé a Cándido Méndez, vi de lejos a Fidalgo y a Nico Sartorius, que fue miembro de la Juventud Monárquica cuando yo presidía el grupo. Estuve también con Tina Sainz, gran actriz, y con Teresa Alberti, y recordamos las noches de versos con Rafael y con María Fernanda Caballero, la amiga de verdad de Pablo Neruda. Y además andaban por allí Miguel Ríos, Víctor Manuel, Raphael. Y los políticos de izquierdas, Carrillo y Llamazares; los socialistas, Rodríguez Zapatero y Pepiño Blanco; de centro, Ana Pastor; de centro-derecha, Zaplana, y los dirigentes empresariales, con José María Cuevas a la cabeza.

Todos, todos, contigo, al margen de ideologías y partidismos, querido Marcelino. Y tú, en la frontera de los noventa años, te has convertido en el mejor espejo de honradez para las generaciones que vienen, el verdadero orgullo de la izquierda española, el hombre al que hay que escuchar, sombra herida por la dictadura, manantial sindicalista, la palabra, en fin, valerosamente tallada allí donde se traban los nervios secretos de la alta política.
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