AL SUR DE TARIFA, AL NORTE DE ESPARTEL
[i]Diálogo de civilizaciones en Sarajevo[/i]
sábado 30 de octubre de 2010, 10:38h
La fundación Abdulaziz Saud Al-Babtain ha organizado en Sarajevo uno de sus Foros. Los anteriores han tenido lugar en ciudades tan connotadas en el campo del diálogo ribereño como El Cairo, Córdoba, Damasco y Fez.
La convocatoria de Sarajevo ha sido dividida en dos alerones. De una parte, el cacareado tema del “Diálogo de Civilizaciones”; de otra, el concerniente a la influencia de la cultura árabe-islámica -la turco-otomana también- en la literatura y otros géneros de la expresión escrita en lengua bosnia. No en vano, la Fundación eligió en esta ocasión una ciudad de perfil intercultural como pocas en Europa.
Puesto que tuve la oportunidad de asistir a esta convocatoria, me parece conveniente plasmar de modo sumario el tenor predominante en la sesión dedicada al primero de los dos temas que acabo de mencionar. Es decir, me estoy refiriendo al asunto del ¿Choque?, ¿Alianza?, ¿Diálogo?, ¿Desencuentro? entre Civilizaciones. Un asunto de marca mayor en la construcción del debate euro-islámico que está cobrando cada vez más intensidad mediática, aunque también genere confusión perceptiva en el común de la ciudadanía que presta oídos a tales sobrevuelos del intelecto. Me limitaré, por tanto, a trasladar los principales enfoques de los ponentes de fondo: John Downey (Estados Unidos), Saad Ben Tafle (Kuwait), Mazen Gharaybe (Siria), Aftab Kemal Pasha (India), Mustafa Imamovic (Bosnia) y Nadia Mustafa (Egipto). Una plana mayor, pues, de predominio árabe-islámico, como corresponde al cuadro directivo que, desde dentro de la Fundación, elige a los ponentes de turno.
De entrada, vaya por delante un anticipo revelador. Las intervenciones de casi todos los miembros de esta Mesa, a excepción del profesor estadounidense, convergieron en una línea de dirección inequívoca: la de cuestionar el lanzamiento de una invención cultural que circula bajo el título de “Alianza” (término, cierto es, de clara estirpe político-diplomática y que ab initio fue sustituido entre los ponentes por el sustantivo de “Diálogo… de Civilizaciones”).
Tres aspectos del tema sobresalieron con inmediatez obligada. El primero de ellos concernió a la longevidad histórica e historiográfica del asunto a tratar: de Polibio a Toynbee, de Ibn Jaldun a Vico, hasta alcanzar a los filósofos del Siglo de las Luces, el análisis del conflicto entre civilizaciones, el recorrido de sus antagonismos, y el desenlace del problema que esos conflictos han supuesto, han sido materia de interés -y con frecuencia prolijos- en la historia del pensamiento universal.
El segundo aspecto que emergió en este Foro en más de una ocasión, estuvo estrechamente relacionado con aquello de que “una cosa es predicar, y otra dar trigo”. Es decir, varios de los ponentes se preguntaron si en los tiempos presentes -supongamos que se trate de los quince o veinte últimos años de la historia del mundo actual-, no han ido surgiendo situaciones, escenarios, percepciones y nociones (resbaladizas todas) ante las que el derecho internacional, las instituciones de alcance mundial de la Posguerra (1945 en adelante), los valores y los conceptos que predominan en el mercado de los intereses, las convergencias y discrepancias mundiales de hoy en día, habrán de sufrir correctivos y clarificaciones más reposadas y serenas. O sea, proceder a una refundación del Diálogo más acorde con el estado de las relaciones internacionales de nuestra época.
En expresión de más de uno de los ponentes, las condiciones actuales que determinan el “contacto” entre naciones y pueblos, por no hablar de las civilizaciones, no parecen ser las óptimas para llegar a algunos planteamientos de los dossieres ya abiertos que resulten cualitativamente fiables.
Finalmente, a excepción de los profesores Downey e Imamovic, hubo durante las intervenciones de los ponentes, y en las de la Sala también, una convergencia de criterio ¿espontáneamente consensuada?. A saber: en nuestros días y a escala global, el “Diálogo de Civilizaciones” viene lastrado por la “tiranía de los superiores”; comprobable en el planeta Tierra de ayer y hoy. El milenario principio de “si no estás conmigo, estás contra mí”, apareció tácita -y en un par de ocasiones, expresamente- durante la sesión vespertina que tuvo lugar el martes 19 de octubre.
Por tanto, ante el hecho del desnivel constatable que existe entre naciones, estados, economías y recursos militares del sistema internacional en acción, habría que ir dilucidando cómo canalizar de ahora en adelante el “Diálogo” de marras. No disolver la bondad de la iniciativa, pero sí des-etnizarla, depurarla de sus sesgos de origen.
Según la breve reflexión final que pronunció el moderador de la sesión, Pär Stenbäch -presidente del Parlamento Cultural de Europa-, no se habría hecho sino practicar un serio ejercicio intelectual para empezar a ventilar la renovación del concepto y la praxis que implica el “Diálogo de Civilizaciones”. Lo que no es poco, si tenemos en cuenta que los gobiernos del tándem euro-americano -y, dentro de éste, algunos gobiernos más ostensiblemente que otros- están convencidos de una vieja máxima impregnada de pragmatismo: “todo está bien, si bien acaba”.
Me ha parecido evidente el punto de escepticismo críptico que campea entre los intelectuales del hemisferio cultural árabe-islámico al respecto -y que personalmente no siempre comparto-; pero de ahí, a pasar al entreguismo incondicional que suscita en una legión de voluntaristas de oficio, el enunciado de “Alianza de Civilizaciones”, hay aún un trecho por recorrer. La convocatoria de Sarajevo ha sido una convocatoria reflexiva para que el diálogo, previo al Diálogo, facilite los términos claros y la disposición mental adecuada que hagan de la intención de los formuladores de la Invención, algo más que una panacea milagrosa que contrarreste la insidiosa cuestión histórica de por qué los Pueblos (¿Civilizaciones?), no siempre se quieren bien.
La Fundación consagró el resto de sus sesiones al desarrollo detallado de la segunda parte del programa establecido. El Foro de Sarajevo, resultó, pues, una experiencia de densidad académica digna, conducida de modo organizado y con cierta flexibilidad en su desarrollo