La lógica perversa del narcotráfico
domingo 31 de octubre de 2010, 18:01h
A la memoria de mi señora madre, Bertha Cantero, a ochos años de su partida
a la patria celestial.
Hace poco más de treinta años, en marzo de 1980, Monseñor Oscar Arnulfo Romero -máximo defensor de los derechos humanos en El Salvador- dijo en su última homilía dominical en la catedral de San Salvador, que le había escrito al presidente Carter de Estados Unidos para que su gobierno ya no enviara armas a El Salvador, porque sólo eran utilizadas para matar a salvadoreños. Al día siguiente Romero fue asesinado por la ultraderecha salvadoreña en una capilla al oficiar misa dentro de un convento de monjas. Ese día se desató la guerra civil salvadoreña que tuvo un costo de más de 60 mil vidas humanas en un periodo de 12 años.
Quiero pensar que efectivamente el gobierno de Obama no vende armas de gran calibre a los narcotraficantes mexicanos que traen de cabeza al Ejército, a la Marina y a las fuerzas policíacas. Pero sí es creíble que los particulares estadounidenses que venden armas a narcotraficantes mexicanos, además de ganar mucho dinero no les interesa que haya más o menos derramamiento de sangre en México. "Negocios son negocios" dice un dicho que Maquiavelo aprobaría. El gobierno de Obama no ha detenido el flujo de armas a México. La primera pregunta es ¿porque no quiere o porque no puede? La segunda pregunta es ¿por qué no quiere o por qué no puede?
Pero sería irresponsable por parte de México culpar sólo a Estados Unidos del consumo de drogas y de la venta de armas potentes. ¿Cómo entran tanto arsenal a México? Eso me hace suponer que en las aduanas mexicanas hay una enorme irresponsabilidad y corrupción, porque no es fácil que entren armas sin que se percaten las autoridades mexicanas competentes.
La corrupción es el principal problema de México. Esta enfermedad moral ha penetrado en aduanas, oficinas de migración, cuerpos policíacos, oficinas gubernamentales, de justicia y de legislación. Cuando nos enteramos en la prensa nacional e internacional que determinadas autoridades han sido capturadas o que están prófugas de la justicia en relación a protección de carteles del narcotráfico, confirmamos el dato de que la corrupción se ha expandido enormemente en México, para infortunio de la gente decente de todas las clases sociales que vive en este atribulado país.
El senador de extracción priista Manlio Beltrones critica al gobierno de extracción panista de Felipe Calderón de que la estrategia contra la criminalidad organizada está equivocada, pero el político sonorense no reconoce que varios de los gobernadores también priistas han hecho un pésimo papel frente a la criminalidad organizada, sobre todo, los gobernadores y ex gobernadores de los estados norteños: Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Chihuahua y Sonora.
El narcotráfico obedece leyes económicas e ignora las leyes jurídicas. Y aunque se han apresado a un número importante de narcotraficantes, el negocio ilícito continúa, ¿por qué? Porque hay que satisfacer una gran demanda de consumo en Estados Unidos principalmente.
El Estado mexicano en su conjunto (instituciones públicas y sociedad) está rebasado por el problema de la criminalidad organizada que no deja de golpear de manera incesante: mata, secuestra, amenaza, reta, se burla, etcétera.
La reacción del gobierno mexicano a la última ola de matanzas de jóvenes (unos que se rehabilitaban, otros que se divertian en una fiesta, otros que trabajaban en un comercio) en distintos sitios de México, fue una torpe declaración del Secretario de Gobernación (Ministro del Interior) Francisco Blake, un político sin experiencia ni talento, en el sentido de que: "los recientes actos criminales ocurridos en diversos puntos del país confirman la pertinencia de conservar y reforzar la estrategia del presidente Felipe Calderón Hinojosa en materia de seguridad." (La Jornada, 29 de octubre, pág. 3)
El gobierno de Calderón ha fracasado en materia de seguridad pública. Mantiene a varios de sus colaboradores que no han dado resultado en el combate a la delincuencia organizada. El próximo 2 de noviembre se festeja como todos los años, el día de muertos, una vieja tradición mexicana. Este año ha habido más muertos que en los últimos cuatro. Casi todos civiles, porque los narcotraficantes jurídicamente también son civiles. Muchos huérfanos, muchas madres y padres inconsolables, por una estrategia tan estúpida como la declaración del Secretario de Gobernación carente de sensibilidad y de respeto por las vidas ajenas y tan ineficiente como su compañero de gabinete, Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública Federal, que va de tropiezo en tropiezo.
Si el gobierno de Calderón tuviese respeto por los muertos y por los vivos que sufren por sus muertos que han fallecido de manera violenta en los últimos cuatro años, pediría una disculpa en primer lugar a los mexicanos y después debería hacer un cambio radical en su estrategia nacional y en sus colaboradores.
Si el Estado mexicano cortara el poderío económico de las bandas criminales organizadas, les quitaría capacidad para corromper, comprar armas y atacar a las instituciones y sociedad. Los juicios penales realcionados con lavado de dinero son escasos y sabemos que se lava mucho dinero en México, pero no podemos saber cuánto. ¿Por qué no se ha hecho una labor de investigación criminal para atrapar a los financiadores de los carteles y a sus protectores políticos que para nuestra vergüenza han sido autoridades?
En El Salvador se perdieron 60 mil vidas aproximadamente en un periodo de 12 años. En México en los últimos cuatro, la cifra roza ya los 30 mil muertos: estudiantes, indígenas, policías, periodistas, militares, narcotraficantes, legisladores, jueces, presidentes municipales, un gobernador electo, etc.
Si Calderón no hace los cambios en estrategia y en mejores colaboradores, el martirio para el pueblo de México se extenderá dos años más. ¡Es una eternidad!
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Profesor de Derecho
Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.
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