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Berlusconi bunga-bunga

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 31 de octubre de 2010, 18:04h
“Menos mal que Silvio está”: así recita un estribillo de una canción de la campaña electoral de Berlusconi. Creo que, por una vez estoy de acuerdo: no tenía muchas ganas de escribir y pensaba ofrecerle una semana más de “tregua” pero el bunga-bunga es una ocasión demasiado apetitosa. Sexo, menores, mentiras, chantajes: el lobo pierde el pelo (aunque lo injerta) pero no el vicio. Berlusconi y su debilidad vuelven a ser noticia: esta vez se trataría de una procaz adolescente marroquí de 17 años de edad que asistió a fiestas (al menos tres) en la villa del primer ministro italiano en Arcore.

Después del Noemigate, asistimos a un nuevo escándalo erótico-dionisíaco: el bunga-bunga, fiestas con decenas de jovencitas (algunas menores), resulta ser un “juego” practicado por Gadafí con su harén africano y emulado por Berlusconi. Literalmente, se trataría de una “práctica de sodomía salvaje y en grupo figuradamente practicada por algunas tribus africanas”; espero, de verdad, que este hombre no llegue a tanto.

Entre tantas sombras, medias verdades y dudas, esta historia, turbia y confusa, cuenta con algunas evidencias: en primer lugar, parece cierto que la niña haya estado en la villa de Arcore tal y como ha sido confirmado por Emilio Fede, director de informativo de un canal de Berlusconi y reconocido manipulador de la realidad italiana en clave “oficialista”. En segundo lugar, Ruby ha recibido dinero y otros regalos de valor. En tercer lugar, y aún más preocupante, una vez detenida en la Comisaría bajo la acusación de haber robado 3.000 euros y un collar de oro blanco, los policías recibieron “presiones” para “encontrar una solución más favorable para la menor”, tanto que fue entregada a Minetti, la odontóloga de Berlusconi, ya promocionada a consejera de la región de Lombardía. La misma jefatura de policía de Milán confirma la intervención de Berlusconi en el caso, aclarando que “no hubo ningún trato de privilegio o de favor hacia la menor después de la llamada del presidente del Gobierno”.

Resulta anecdótico que Berlusconi sostuviera que la joven fuera “sobrina de Hosni Mubarak”, el presidente egipcio, obligando a la embajada de Egipto en Roma a desmentir cualquier parentesco con la menor marroquí. Resulta preocupante que el presidente del Gobierno haya llamado a la fiscalía pidiendo que retirasen los cargos contra la joven, aprovechándose de su poder y posición institucional. Resulta alarmante que vuelvan a relacionarse crímenes como incitación a la prostitución y abuso, con el nombre del primer ministro de Italia. Resulta deprimente y vergonzoso que Berlusconi use siempre la misma retórica acusando a “los partidos de izquierda de lanzar ataques” en contra de él o que afirme, con cara de socarrón, “amo la vida y amo las mujeres”. Resulta fastidioso que el cavaliere alegue que “en mi casa sólo entran buenas personas, que se portan muy bien”: y, ¿Mangano, Dell’Utri, etc.? Además, no es una casualidad que la Fiscalía de Milán esté investigando a varias personas de su entourage (Fede, la Minetti y Lele Mora, un discutible representante de famosos) y el escándalo implicaría a otros políticos “muy conocidos”. Asimismo, Berlusconi afirma ser “un hombre de buen corazón que ayuda a quien lo necesita”: peculiar visión del concepto de buen corazón, ya que su actitud más que de buen pater familias (mejor abuelo considerando la edad) parece de un viejo sátiro.

Mientras la situación parece pertenecer a un cuento del Decamerón, preocupan las posibles implicaciones políticas del caso y sus contradicciones intrínsecas: el abuso de poder para presionar la liberación de la menor, la costumbre presidencial de mentir, la estrategia habitual de desmerecer los acontecimientos, la manifiesta confusión entre público y privado del cavaliere (sobre todo en su vida nocturna), en resumen, un primer ministro en peligro de verse sometido a presiones y chantajes. Si bien la revista católica “Familia cristiana” considera que Berlusconi “está enfermo y fuera de control”, resaltando que está en juego “la credibilidad o, mejor dicho, la dignidad del hombre que gobierna el país”, Berlusconi sigue por su camino como si él también hubiera escuchado esta semana la lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 1-5 en la que se afirma: “para mí, lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor”. Siendo así, ¡Señor, manifiéstate! De absuelto nada: de verdad, Dios, como la justicia italiana no puede, ¿no cree usted que haya llegado el momento de juzgarle?

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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