Las claves de la derrota de Obama
miércoles 03 de noviembre de 2010, 09:44h
Si las elecciones mid-term celebradas la pasada madrugada en Estados Unidos son un barómetro para testar el apoyo ciudadano a la gestión presidencial, Obama tiene un problema. Y es que estos comicios de mediados de legislatura le han supuesto a los demócratas perder la mayoría en la Cámara de Representantes y conservarla por los pelos en el Senado. Bien es verdad que ya se contaba con algo así. Tradicionalmente, estas elecciones suponen un toque de atención a la labor presidencial, excepción hecha del primer mandato de George W. Bush, marcado por los atentados del 11-S y lo que ello supuso para el país.
Con todo, desde la Segunda Guerra Mundial ningún presidente había sufrido un varapalo tal grande, un dato preocupante para la actual administración norteamericana. El propio Obama llegaba a reconocer estos días que quizá se generaron demasiadas expectativas en torno a su persona, dando así con una de las claves que podrían explicar lo sucedido en las urnas. Efectivamente, la trayectoria cuasi mesiánica de Obama en su carrera presidencial parecía conferirle el poder de desfacer todo tipo de entuertos. Una imagen que el propio interesado se encargó de potenciar, habida cuenta de que eso le allanaba el camino hacia la Casa Blanca.
Pero gobernar no implica necesariamente satisfacer a todos. El ambicioso programa de reformas chocó desde un primer momento con la oposición frontal de una buena parte del país, para quien determinados temas -sanidad pública, inmigración, intervención estatal en materia económica- han de tocarse lo menos posible. Hay que reconocerle a Obama el mérito de intentar emprender dichas reformas, asumiendo el tremendo desgaste que ello le podría acarrear. Además, la complicada situación económica que heredó de su antecesor no permitía milagros a corto plazo. Así las cosas, el electorado estadounidense no ha castigado de plano sus mencionadas reformas, ni tampoco se ha echado de la noche a la mañana en brazos de los republicanos -donde la aportación del llamado Tea Party es más anecdótica que real-. Lo que ha hecho ha sido recordarle al Presidente que la situación económica sigue siendo mala, que quiere resultados más pronto que tarde y que la falta de liderazgo internacional es tan sorprendente como inquietante. El resto de lecturas habrán de hacerse en clave norteamericana, y no europea, ya que ambas culturas políticas presentan sustanciales diferencias.