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elecciones mid-term

Las legislativas dejan tocado a Obama de cara al resto de su mandato

miércoles 03 de noviembre de 2010, 17:18h
La noche del pasado martes supuso un punto de inflexión muy diferente para las dos grandes fuerzas políticas de Estados Unidos. Los demócratas han sufrido una derrota histórica en las urnas perdiendo sin paliativos la mayoría en la Cámara de Representantes, manteniendo a duras penas el Senado y cediendo nueve estados respecto a los comicios generales de hace apenas un año. Por otro, los republicanos han visto como los estadounidenses acudían a ellos para castigar la política de Barack Obama y salen más que fortalecidos de la batalla de las mid-term y con la vista puesta en las presidenciales de 2012.
La derrota se barruntaba entre las filas demócratas pero ni los más pesimistas auguraban lo larga que se les iba a hacer la noche a los del burro. A medida que avanzaba el recuento de votos, el mapa de Estados Unidos se teñía de rojo, el color con el que se identifica al Partido Republicano, y los escaños caían una y otra vez del lado de la oposición.

De hecho, aunque los números no lo reflejen, el Senado registra un panorama mucho más igualado de lo que a simple vista pueda parecer. Con los datos en la mano, los demócratas tienen 54 escaños, los republicanos 46 y hay un senador independiente. Ese escaño descolgado pertenece a la candidata de Alaska, una republicana reconvertida que se prevé que se alinee del lado republicano en la gran mayoría de las votaciones de importancia.

De este modo, los dos años que le quedan de legislatura a Barack Obama se presentan realmente duros. No sólo tiene a la opinión pública en contra, sino que ha perdido el Congreso por una de las mayores diferencias que se recuerdan, 239 a 185, y el Senado se le puede poner en contra a poco que se despiste. Un panorama nada halagüeño si se tiene en cuenta que aún le queda medio mandato por delante y que su proyecto político no ha hecho más que arrancar.

Si bien los demócratas están realizando esfuerzos ímprobos para minimizar el impacto de la derrota en estos comicios, la opinión pública no deja lugar a la duda. Los norteamericanos no se han fiado de las promesas de Barack Obama y se han ceñido a la realidad: una precaria situación económica, casi un 10 por ciento de paro y dos reformas, fiscal y sanitaria, que han provocado más revuelo que soluciones en torno a los problemas sociales que arrastra el país.

Por otro lado, es tan significativo como devastador para el Gobierno que el 80 por ciento de los estadounidenses que votó este martes está descontento con la economía o que el 38 por ciento ha utilizado su voto para mandar un mensaje negativo a Obama.

Otro de los grandes vencedores de la velada fue el Tea Party. El movimiento ultraconservador estadounidense ha logrado darle la vuelta a las urnas en apenas un año y medio e incluso ha aupado a algunos de sus protegidos, Rand Paul o Marco Rubio, hasta el Senado. El Tea Party, quizás un movimiento excesivamente tachado de extremista, ha sabido movilizar al electorado republicano mejor que la Administración Obama el demócrata, algo que no ocurrió en las presidenciales, y le ha dado al presidente algo de su propia medicina.

¿Y qué le espera ahora a Barack Obama? Los demócratas han sufrido la derrota más dolorosa en la Cámara de Representantes. En el Congreso la disciplina de partido a la hora de votar es más laxa que en el Senado, aunque esto podría equilibrarse con los 60 congresistas de diferencia que hay entre una y otra formación. Por lo pronto, los del elefante se anotan un tanto moral al situar a John Boehner, cuyas lágrimas a la hora de celebrar la victoria han humanizado al republicanismo, como presidente de la Cámara Baja en sustitución de Nancy Pelosi, una de las figuras más prominentes del Partido Demócrata.

Por su parte, el presidente tendrá que hilar muy fino para mantener a sus 54 senadores unidos. La más mínima disensión, que no resulta nada descabellado en la vida política norteamericana, podría bloquear cualquier iniciativa legislativa, como la reforma migratoria o el recorte fiscal del próximo mes de diciembre, que llegara a la Cámara Alta otorgando más poder si cabe a los republicanos.

En resumen: durísimo correctivo el que ha sufrido Barack Obama, el mayor en unos comicios legislativos desde la II Guerra Mundial, que, a pesar de no figurar en ninguna de las papeletas, está obligado a tirar de pragmatismo y tener en cuenta el mensaje que le han mandado los norteamericanos a través de las urnas pactando con la oposición en la mayoría de cuestiones clave. Labor ardua puesto que los republicanos, impulsados por la ola de optimismo de las legislativas de este martes, ya tienen en el punto de mira las presidenciales de 2012 y harán todo lo que puedan para empantanar todo lo que puedan la política de la actual administración.
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