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El paisaje (republicano) después de la batalla (II)

miércoles 03 de noviembre de 2010, 20:29h
Una conspicua mancha roja –el contradictorio color que en los Estados Unidos distingue a las republicanos- cubre el mapa electoral del país de norte a sur y de este a oeste, solo interrumpida por unas breves manchas azules –el color de los demócratas- agrupados en las costas del Atlántico y del Pacifico. Esa es la nueva configuración política tras las elecciones “intermedias” del 2 de noviembre. A salvo de recuentos de última hora, que solo ligeramente pueden alterar los números, los republicanos han ganado en la Cámara de Representantes los 61 escaños que los demócratas han perdido, quedando respectivamente con 240 y 183. Bastaban 218 para obtener la mayoría absoluta. En el Senado se reproduce básicamente la misma relación de pérdidas y ganancias: ganan los republicanos los 6 escaños que pierden los demócratas, que retienen el control de la cámara con 51 frente a 46 –insuficiente para moverse con amplitud: en la práctica hacen falta 60 para aprobar las piezas legislativas fundamentales-. Y en las elecciones a gobernadores los republicanos, que han añadido seis a los que ya tenían previamente, contarán con 27 de esa tendencia, más de la mitad de todo el país, mientras que los republicanos pierden 8 y se quedan con 15. Se mire por donde se mire, y como dirían los clásicos, una corrida en pelo. Las claves de la política americana para los próximos dos años, al menos, han cambiado de manera tan drástica como dramática. Este es un nuevo juego.

Vale la pena, con todo, examinar en detalle algunos de los casos más llamativos y notables ofrecidos por la larga noche electoral. Quizás en primer lugar, y con alcance simbólico para medir la dimensión del varapalo, el hecho de que los demócratas hayan perdido frente a un republicano, el hasta ahora congresista Kirk, el escaño que en el Senado y en representación del estado de Illinois ocupaba Barack Obama. Y el gobernador del estado, el demócrata moderado Pat Quinn, sucesor del infausto Blagojevich, está peleando en los recuentos manuales los resultados electorales frente a un republicano hombre de negocios sin experiencia política. Durante los últimos días, el presidente Obama, su mujer, el vicepresidente, el ex presidente Clinton, entre otros, han pateado Chicago e Illinois en búsqueda de una victoria que tendría un gran poder plástico. El electorado del feudo presidencial por excelencia se la ha negado.

Pero tienen los demócratas como significativos e insuficientes premios de consolación las victorias en Nueva York –tanto Senado como gobierno del estado- y California, en ambas instancias, y el hecho de que Harry Reid, el hasta ahora jefe de la mayoría demócrata en el Senado, haya podido mantener su puesto de senador por Nevada. Son gotas en el océano de la desolación que, al mismo tiempo, deben servir de reflexión a republicanos y “teapartianos”: en todos esos casos una más cuidadosa selección de candidatos hubiera podido ofrecer en el Senado resultados mejores para el “Grand Old Party” republicano, forzado por las circunstancias a correr con personajes caracterizados por el entusiasmo conservador y la poca experiencia política. Queda todavía por ver el resultado de la elección al Senado en Alaska, donde un desconocido llamado Joe Miller con el apoyo de la ex gobernadora Sarah Palin arrebató el éxito en las primarias a la senadora republicana Lisa Murkowski quien sin embargo decidió presentarse como no afiliada y según todos los indicios pudiera ganar la competición. Obama y Palin pierden en sus feudos respectivos, No es todavía un titular, pero casi un motivo de reflexión.

Obama, siguiendo las buenas tradiciones de civilidad política que suelen caracterizar la vida americana, llamó ayer de madrugada al que previsiblemente reemplazará a Nancy Pelosi como “Speaker” de la Cámara de Representantes, el congresista por Ohio John Boehner, para felicitarle y anunciar su voluntad de cooperación. Veremos hasta donde llegan los buenos propósitos en una tesitura marcada por la ola de republicanismo que invade el país frente a una presidencia obviamente disminuida en sus alcances cuando no abiertamente castigada en sus políticas. Esta ha sido una explosión visceral de descontento frente a la morosidad económica y a la incapacidad de la clase gobernante para ofrecer fórmulas de solución visibles. Esta también ha sido una ruidosa manifestación a favor de la iniciativa individual frente a la invasión burocrática y contra las fórmulas intervencionistas y estatalizantes. Nadie podría negar que una corriente mayoritaria de la ciudadanía americana transita en estos momentos por esas aguas. Frente a las cuales el otrora mágico Obama deberá hacer frente y remangarse en el contexto de lo que el sistema constitucional admirablemente exige: la división de poderes y la colaboración indispensable entre los mismos. ¿Quién gana con ello? Indudablemente el pueblo americano que, una vez más, ha sabido dar una elección de comportamiento y sabiduría democráticos, haciendo de un sistema llamado presidencial el en verdad más parlamentario del mundo. Nos esperan dos apasionantes años.

Javier Rupérez

Embajador de España

JAVIER RUPÉREZ es académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

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