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crítica

Luis Rosales: Ayer vendrá. Poemas escogidos (1935-1984)

sábado 06 de noviembre de 2010, 18:24h
Luis Rosales: Ayer vendrá. Poemas escogidos (1935-1984). Selección y prólogo de José Carlos Rosales. Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Sevilla, 2010. 94 páginas. 1 €
El conocimiento de la poesía de Luis Rosales ha sido tradicionalmente deformado por varios hechos singulares, el primero es asunto bien aireado: la relación de la familia Rosales con la turbia muerte de García Lorca. A pesar de la estrecha amistad que uniera a ambos poetas, las injurias con que salpicaban algunos miserables llevó a Félix Grande a redactar un libro en defensa de Rosales, La calumnia. Esta circunstancia exógena a la creación tejió una perversa red simbólica que el propio poeta padeció en carnes; en su discurso de recepción del Premio Cervantes, allá por 1982, admitía cómo perteneció a una generación en que los muertos pesan más que los vivos. A ello se suma una interferencia de recepción de su obra, debido a la manía del autor por publicar en editoriales oficiales o de exigua distribución. Arrumbados o no dichos estorbos, otro problema no menor planea todavía sobre la obra de Rosales y es su compleja datación, con abundantes deslices (Rimas se fecha en 1937 pero el pie de imprenta de la edición príncipe reza 1951) o reposos (El contenido del corazón y Segundo abril descansaron en algún olvidado cajón 28 y 34 años, respectivamente, hasta su publicación íntegra) por no hablar de las variantes debidas a la permanente reescritura del autor. Aun con todo ello, hace tiempo que contamos con su obra –incluida la crítica– bien recogida por la editorial Trotta en seis grandes volúmenes que permiten valorar con sensatez su calibre. Sin embargo, los juicios sobre el valor estético de la misma siguen siendo desmedidos, a favor o en contra: hace poco un notable poeta-profesor lo prologaba como "uno de los mejores poetas españoles del siglo XX".

Con mayor temple podemos decir que lo mejor de la obra de Rosales, ante la indigencia de las palabras y el pensamiento mutilado, provoca una libertad soñada, presentida, ante el desamparo del hombre que busca de manera incesante la libertad. En lo que tiene de excelso se encuentra una invención de la realidad tan personal y tan humana que solamente puede ser arte. Ello no priva que en su obra alternen bajadas de vuelo y poemarios secundarios. Su poesía presenta dos vetas principales, una de fuerte pulso popular que viene acompasada por otra veta continuadora de una poesía clásica, un clasicismo con clara vinculación a Lope de Vega. Y a colación de los débitos es forzoso nombrar uno con Juan Ramón (aquel de Espacio), mucho mayor que el tan cacareado con Pablo Neruda, al que se le pueden sumar unas gotas lorquianas y un particular entendimiento de Antonio Machado. Adscrito a la maldita generación del 36, llamada “generación culpable” (Rosales, Dionisio Ridruejo, Panero, Luis Felipe Vivanco, Carmen Conde…, pero también Miguel Hernández, Gabriel Celaya) su poesía tiene por base una experiencia realista, intimista y cotidiana con fuerte acento trascendente.

Para dejar siquiera perfilada la figura de Luis Rosales es preciso insinuar su faceta intelectual: fue secretario de revistas como Escorial y Cuadernos Hispanoamericanos, analizó con profundidad el cancionero apócrifo machadiano (“Recuerdos de sueño, fiebre y duermevela”). Sus trabajos sobre el sentimiento de desengaño en la poesía española del Barroco y sobre la poesía del conde de Salinas, así como su libro en dos tomos Cervantes y la libertad, tienen influencia harto significativa en su obra poética.

Al calor del centenario del poeta granadino este 2010 ha estrenado ediciones de sus dos poemarios más notables, La casa encendida y Diario de una resurrección, así como diversas antologías, de las que seleccionamos ésta que prologa con atención su sobrino José Carlos Rosales: Ayer vendrá. Poemas escogidos (1935-1984), aunque también se preparan para este año La carta entera (ahora ya íntegra) y el hermoso ensayo sobre flamenco Esa angustia llamada Andalucía.

El libro primerizo de 1935, Abril, resultó un manifiesto, además del temblor primaveral y el nacimiento del amor y del poeta en cosmovisión metafísica, empapado del sentimiento de Dios en todo el libro. Libro de amor en el año centenario de Garcilaso, recuperaba el soneto poniendo fin a la influencia de las vanguardias. Pero allí había muchos versos y pocos poemas. En busca de la modernidad, el libro como unidad total, surge Rimas (1937-1971) donde la unidad estructural, según cuenta el propio poeta, se enlaza con la unidad biográfica. Y en ese planteamiento de poeta romántico, verter a su obra la propia experiencia traducida en palabras e imágenes, va buena parte de sus éxitos y de sus yerros. De los aciertos recoge esta antología algunos poemas como “Autobiografía”.

Como “radical soledad vacía” se define el inicio de La casa encendida, 1948-1967, rotundo título sugerido por Leopoldo Panero a un poema habitado, lleno de esplendor, que buena parte de la crítica lo tiene con acierto en cualquiera de sus dos versiones como uno de los más bellos y mejores libros de la poesía española de posguerra, trasunto de la casa sita en calle Altamirano 34 y coronación definitiva del amor en la ausencia. Como es preceptivo para cualquier antología que se precie, todos los poemarios de Rosales tienen aquí cumplida representación; si bien, quizá, hubiera sido preferible recoger además algún poemario en su totalidad: La casa encendida, debido a su fuerte carácter unitario, por ejemplo. Tal vez por esa misma razón de indivisibilidad tenga tan poca cabida en la presente antología.

Con El contenido del corazón, 1940-1968, Rosales acaricia el inusitado género del relato poético, del que tuvimos oportunidad de hablar hace tiempo en esta misma columna a raíz del hermoso libro de Jorge Urrutia, De una edad tal vez nunca vivida. En el poemario de Rosales, se presenta el dolor como conocimiento, como camino de experiencia (“cada dolor nos hace conocer de nuevo el mundo”) y hay cumplida muestra en esta antología. Así como de Canciones, 1968-1972, poemario que recoge un desconocido cruce entre cante jondo y prosa lírica. Y este volumen presenta poemas excelentes de Diario de una resurrección, 1976-1979, un libro que debiera volverse a leer atentamente. La carta entera, 1980-1984, es la plasmación de lo que el poeta granadino definió como “poesía total”, particular síntesis de los tres géneros literarios: poesía, novela y teatro y para la cual eligió como canal el versículo.

La presente antología también recoge algún libro que el tiempo amarilleó como Segundo abril, 1938-1940, inédito más de 30 años o Poemas de la muerte contigua o Retablo de Navidad. Sin embargo, ver de nuevo publicados, aun sesgados, La casa encendida y Diario de una resurrección cumple con parte del objetivo presumible de cualquier centenario: actualizar y facilitar el acceso a lo que de perdurable tenga la obra del autor. Esta edición lo cumple de forma escrupulosa con su carácter casi venial, apenas un euro, y contar con la distribución por parte de la Junta andaluza de cien mil ejemplares dentro de la Red de Bibliotecas de Andalucía.

Por Francisco Estévez
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