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ex presidente de México

"La droga es un problema de Estados Unidos, no de México"

miércoles 10 de noviembre de 2010, 20:19h
De gran porte, Vicente Fox aparece en la sala de prensa de la Fundación Ortega y Gasset con inusitada humildad y saludando personalmente a los periodistas allí convocados. Sorprenden sus grandes manos y su inalterable voz a la hora de tratar temas tan espinosos como el narcotráfico, las relaciones bilaterales con Estados Unidos o la galopante corrupción que azota la política azteca. En una extensa entrevista concedida a EL IMPARCIAL, Fox no duda en abordar la actualidad mexicana e, inesperadamente, lanzar una crítica velada a su sucesor en el cargo, Felipe Calderón.
Tras gobernar la gran nave azteca durante el sexenio más exitoso de la historia reciente del país centroamericano, según el mismo recuerda, Vicente Fox comenzó su intervención expresando el orgullo y el honor que le suponían poder estar en la Fundación Ortega y Gasset.

Después de dejar la presidencia mexicana, Fox no ha cesado de trabajar activamente en la política de su país "rompiendo con esa tradición que decía que el político mexicano desaparecía de la vida pública o se escondía una vez finalizado su mandato", declaró el político mexicano. "Estoy intentando poner en marcha una ex presidencia moderna y de cambio porque me parece que es un ejercicio fuertemente democrático", señalaba Fox al tiempo que prometía "hacerlo hasta que me muera con el enorme deseo de seguir contribuyendo a la democracia en México, a engrandecer mi país".

Con pasmosa serenidad y un tono monocorde, el ex presidente latinoamericano dio comienzo a la entrevista con una sorprendente afirmación: "América Latina es la región más atrasada del mundo en el siglo XXI". Una vez lanzada esta alarmante aseveración, Fox instó a los líderes latinos "a reconducir y acelerar el paso para lograr nuestro destino". En el caso concreto de México, no dudó en acusar a los gobiernos de corte dictatorial y demagógico como los grandes culpables "de que mi país haya perdido el siglo XX".

En primer lugar, la violencia en su país sigue siendo una lacra social de dimensiones descomunales. Se habla de que, sólo durante el mandato de Felipe Calderón, 28.000 mexicanos han muerto de forma violenta. ¿Cree que se está acertando con la estrategia?
La constitución obliga al presidente a actuar en este ámbito. En mi opinión, creo que se debería retirar de las calles al ejército y dejar a la policía actuar contra la violencia con información, con inteligencia y con estrategia. Yo no puedo decir si se va a ganar la batalla. Creo que es tiempo de reflexionar, 30.000 muertos son muchos muertos y la gran mayoría son jóvenes de entre 16 y 25 años.

Pero a usted se le ha echado en cara, incluso desde el actual gobierno, cierta inhibición en el tema de la violencia derivada del narcotráfico...
Yo creo que casi es naturaleza humana el intentar escudarse en el pasado. Sin embargo, el elector ya no se traga estas cuestiones y llega un momento en que hay que asumir la responsabilidad plena de lo que está sucediendo durante el mandato de uno.

En cuanto a la supuesta inhibición, los datos están ahí: en cuanto a incautaciones de droga, Calderón y yo estamos a la par; en materia de encarcelar capos, lo hicimos e, incluso, extraditamos a algunos de ellos; creamos la Secretaría de Seguridad Pública a nivel federal, integramos las funciones de inteligencia, eliminamos la policía judicial federal cuyo actuar fue nefasto, creamos la nueva Agencia Federal de Investigación, quedó aprobada la Ley de Transparencia y Acceso a la Información y otras muchas cosas más.

A la hora de hablar de países emergentes, se suele mencionar a los países BRIC (Brasil, India, Rusia y China) pero se obvia a México a pesar de su peso en el escenario internacional. ¿Cómo está la salud de la economía mexicana?
Estamos atravesando momentos difíciles: el turismo no llega, la inversión extranjera está disminuyendo y Brasil, que hace unos años tenía una economía un 20 por ciento inferior a la nuestra, nos ha adelantado. Tenemos que recuperarnos y encauzarnos en una senda de crecimiento porque, de no ser así, nos perderíamos muchos beneficios que hoy en día nos ofrece la globalización.

¿Cuáles son los grandes retos a los que se enfrenta México en los inicios de este nuevo siglo?
En este momento, la violencia y la corrupción son una prioridad. Tenemos que trabajar con Estados Unidos para que reduzcan el consumo y controlen sus armamentos. A medio y largo plazo el gran reto sería la economía, la generación de empleos, el turismo, la competitividad de nuestra industria. Pero todo esto se ve afectado si no hay paz y tranquilidad ya que las personas y las empresas no dan su mejor rendimiento. De este modo, es fundamental erradicar la violencia de México para que todo lo demás funcione mejor y volvamos a tener la pujanza que podemos tener como país.


Foto: Manu Engo


¿Cómo valora las relaciones bilaterales con Washington?
La relación con Estados Unidos es sumamente intensa. Compartimos una gran frontera que cruzan un millón de personas a diario y miles de contenedores con toda clase de productos que van y vienen. No olvidemos que la balanza comercial entre EEUU y México es igual de cuantiosa que la que mantiene Washington con el resto de países de América Latina. De este modo, es impresionante lo que ha producido el North American Free Trade Agreement (Nafta) pero, en lo económico, es una lástima que los dos presidentes no hayan podido darle un nuevo impulso al acuerdo de libre comercio que, en estos momentos, está dormido.

En el ámbito de la migración, la relación es intensa como en pocas regiones del planeta. Es un asunto que se ha malinterpretado, en el que hay una miopía formidable y donde parece que están ganando la batalla los xenófobos y los que están en contra de la migración. Tras el 11S, el problema de la inmigración se ha confundido hasta con el terrorismo y, por tanto, es un frente que hay que rescatar y darle la dimensión positiva que tiene. La migración es un activo para todas las naciones. De hecho, Estados Unidos se construyó gracias a los inmigrantes. Así, construir muros en la frontera atenta contra la amistad y el diálogo bilateral. En vez de eso, deberíamos estar tendiendo puentes de entendimiento, de relación comercial y de intercambio académico.

Un tercer punto es el de la violencia que, dicho sea, provoca Washington. Ellos tiran la piedra y esconden la mano, consumen la droga y venden las armas pero culpan a México. El problema de la droga no es un problema de mi país sino de Estados Unidos, debido a su excepcional nivel de consumo de drogas; y de Colombia, Ecuador, Bolivia y Venezuela como principales países productores. Nosotros estamos intentando tratar el narcotráfico haciéndoles una mala y, posiblemente, equivocada tarea a los norteamericanos. Ellos son los que deberían entorpecer el tráfico y, sin embargo, lo dejan pasar de Ciudad Juárez a Chicago, Washington o Nueva York. ¿Por qué no lo detienen? ¿Por qué hay droga en cada ciudad, discoteca, escuela o universidad del país?

No olvidemos que el 45 por ciento de los adultos estadounidenses ha probado alguna vez la droga, incluidos Bill Clinton y Barack Obama, y que sólo en el estado de California se produce más marihuana que en todo México. En cambio, en mi país mueren mil personas al año directamente por la droga y por esa pequeña cifra están pagando un precio exorbitante 105 millones de mexicanos.

De este modo, la droga es un problema que México está tratando de resolver pero que nos está causando verdaderos estragos en la economía, en la paz nacional o en el turismo. Tenemos que encontrar una solución rápida y eso es lo que está tratando Felipe Calderón, aunque él y yo mantenemos algunas diferencias en cuanto a la táctica y la estrategia a seguir para atajar esta lacra.

En México el problema del narcotráfico se ha vuelto excesivamente violento. Estoy a a favor de despenalizar la droga. Me parece que Portugal es el ejemplo a seguir. Han demostrado que se puede reducir el consumo con sólo quitar la prohibición.

Tras el varapalo electoral que sufrió Barack Obama en las elecciones de media legislatura de la semana pasada, el peligroso precedente de la ley SB1070 de Arizona, que al final no salió adelante, y el auge en Estados Unidos del movimiento ultraconservador conocido como Tea Party, ¿teme un retroceso en la política migratoria?
Es difícil vaticinar algo ya que el presidente Barack Obama había planteado un escenario muy positivo pero no ha logrado nada. Habrá que ver qué postura toman los republicanos con las cámaras repartidas. Ya George W. Bush puso mucha voluntad en solucionar el problema de la migración pero tampoco se logró nada. Creo que lo mejor es esperar y ver qué pasa.

La democracia es muy veleidosa, hace apenas dos años Obama tenía la popularidad por las nubes, en el 80 por ciento, y ahora apenas llega al 40. Los republicanos se están aprovechando de la coyuntura económica para que sea el gobierno el que pague los platos rotos, como pasa aquí en España también. Lo que debe haber son políticas de largo plazo en materia de migración y no tanto de coyuntura.

En las memorias de George W. Bush, el ex presidente norteamericano no tiene muy buenas palabras hacia usted por no haberle apoyado en la guerra de Irak, ¿qué opinión le merecen sus reproches?
Es verdad que no lo apoyamos, pero no lo haría hoy en día tampoco ni nunca mientras fueran intervenciones militares unilaterales, arbitrarias e imperialistas. Creo mucho en el multilateralismo y creo que todos deberíamos estar reconstruyendo y reinventando Naciones Unidas como una institución que debería ser el baluarte de la paz en el mundo y el punto de resolución de conflictos.

De todos modos, así les fue al ex presidente Bush, a Tony Blair y a José María Aznar con su decisión. Creo que el tiempo nos da la razón a los que nos opusimos a la intervención y quisimos que fuera Naciones Unidas quien estuviera al tanto del desarrollo democrático de Irak. Además, nunca se llegó a demostrar la presencia de armas de destrucción masiva, el gran argumento para la intervención unilateral.

Para terminar, su país registra unos índices de paro de entre el 5 y el 6 por ciento y la prensa ya los tacha de elevados, ¿qué pasaría si México padeciera las cifras de desempleo que tenemos en España?
Sería el caos, sin duda. México tiene en esos índices una explicación muy fácil: la solidaridad de la familia. Nuestro paro, que ya roza el 6 por ciento, ya es un asunto muy delicado de por sí que puede provocar inestabilidad.
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