reseña
Antonio Domínguez Rey: Grietas del respiro
sábado 13 de noviembre de 2010, 15:43h
Antonio Domínguez Rey: Grietas del respiro. Epílogo de Manuel Jiménez Redondo. Anroart. Madrid, 2010. 78 páginas. 14 €
Al abrir este libro me vino a la memoria el consejo de uno de mis viejos profesores: “Leer los prólogos es de sabios”. Los prólogos y los epílogos. Grietas del respiro es un libro que debe empezarse por el final, por el excelente epílogo de Manuel Jiménez Redondo. Reflexiona su autor sobre el pensamiento y el lenguaje, sobre la lingüística y la filosofía y, naturalmente, sobre la personalidad y la obra de Antonio Domínguez Rey, lingüista, filósofo y poeta. Inútil ordenar sus tres naturalezas, porque tres a tres se hibridan y se ínter- penetran. Es difícil encontrar una obra que refleje de una forma más clara lo que caracteriza a un texto literario de cualquier género: la formación y los conocimientos de su autor, lo que ha leído y lo que ha escrito con anterioridad.
Grietas del respiro no es un libro culterano, sino enjundioso y profundo. Ésa es la grandeza de la poesía: sin renunciar a la esencialidad, se puede hacer poesía de lo cotidiano, de aquello que todo hombre siente y vive, o poesía boscaniana, contenidos y métrica al servicio de la naturaleza, pero también de la filosofía y del lenguaje. Eso hace Domínguez Rey. Tras una cita genialmente escogida del marqués de Santillana, Grietas se estructura en once apartados, algunos de los cuales llevan, en su inicio, una cita. Lubicz-Mislosz, Wallace Stevens, el Libro de Daniel, Rilke, el Evangelio de Juan y el Apocalipsis se aúnan para darnos explicación de lo que les sigue.
A veces, un solo verso nos describe tanto que nos llena de asombro. En otros nos deslizamos por el texto y por sus versos, entramos y salimos de sus anfractuosidades. El poema se convierte entonces en una marisma que nos absorbe, que nos traga en
“Un canto de palabras movedizas” (V)
“Y el verbo se hizo carne” y habita entre nosotros de la mano del poeta. “Pensamiento es el pensamiento del pensamiento” nos dice el epiloguista. Verbo es el verbo del verbo, de la palabra y la palabra es:
“Onda, ala, año, hora, rostro, rastro, hojas
que en tierra sopla el cierzo y las fermenta.
Olas apitonadas que en las nubes
triscan, ciegas embisten, nunca aballan.” (X)
Versos admirables, admirables endecasílabos, tan infrecuentes. Concluye el poema con otra cita de Juan: Apocalipsis, 21, 5.: “Y dijo el que estaba sentado en el trono: / He aquí que nuevas hago todas las cosas” En Grietas, la poesía y la palabra se hacen nuevas. Gustamos del poema, lo bebemos como salido de aquellos senos que como
“Ubres
espectrales hechizan el futuro
con figuras de barro en forma de hombre.” (XI)
Y cuando el poema concluye, la luz se ha hecho para nosotros antes de su final, antes de que nos alcance la oscuridad, “antes del plasma espurio de las sombras” (XI, Final).
Por Alberto Sánchez Álvarez-Insúa