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Santos, 100 días en la Presidencia de Colombia

lunes 15 de noviembre de 2010, 15:36h
Se cumplen 100 días de Juan Manuel Santos en la Presidencia de Colombia. Santos fue elegido en segunda vuelta el pasado 20 de junio con una votación sin precedentes, más de nueve millones de colombianos, de los 13 millones de votantes que acudieron a las urnas, le dieron la victoria, logrando así el candidato doblar la votación que obtuvo en la primera vuelta y sacar una ventaja a su contendor Antanas Mockus del 48%.

No es en ningún momento arriesgado afirmar que se inicia con este proceso electoral una época signada por el cambio en la vida política colombiana. Cambio que se deja ver en la propia dinámica de una contienda electoral multipartidista, claramente diferente del tradicional bipartidismo tan arraigado en nuestra cultura política, es más, los candidatos que pasaron a la segunda vuelta no pertenecían a ninguno de los partidos tradicionales, liberal o conservador. Ambiente electoral marcado por una amplia participación de jóvenes, universitarios fundamentalmente, en el debate, contrastando con la indiferencia que ha caracterizado a estos votantes que, movilizados por las nuevas tecnologías, inauguran en Colombia una nueva modalidad de hacer política a través de las redes sociales, como en el reciente escenario estadounidense.

Desde antes de ser elegido Santos ya empieza a dar señales de “animal político”, lo veíamos más como técnico y, entre la primera y la segunda vuelta, sin mucho afán por la clara diferencia en votos que ya se había visto en la primera vuelta, Santos, no solo no menosprecia a su contrincante Antanas Mockus, sino que empieza a “gobernar”, busca sumar para no dejar dudas de la legitimidad de origen de su gobierno y, bajo la bandera de la Unidad Nacional, recoge varias fuerzas políticas pero fundamentalmente y la más importante políticamente, la del partido Cambio Radical, con Germán Vargas a la cabeza, primera señal clara a Uribe, recordemos que Vargas se deslindó de Uribe y, siendo originalmente de sus filas, se convirtió en uno de sus grandes opositores. Sabe bien Santos lo importante que es que su gobierno sea suyo y no un gobierno con Uribe en la sombra, más cuando es esa sombra de Uribe lo que menos lo hace atractivo para algunos votantes.

Una vez electo, Santos toma posesión el 7 de agosto. El producto político por el que apostaron los colombianos para el periodo de gobierno 2010-2014 fue promocionado como un “líder con capacidad de trabajo y resultados contundentes, don de mando, visión de futuro, disciplina de estudio y presencia y credibilidad internacional”. Lo que ha dejado ver en sus decisiones y acciones de gobierno, hasta ahora marcado por la impronta de un individuo con este perfil. Lo que es cierto, es que la opinión pública no se ha sentido defraudada y esto se evidencia en los altos índices de popularidad que ha estado manejando: en su primer mes de gobierno, de la mano de las relaciones internacionales, pero castigado por la inseguridad y el orden público logra un 64 por ciento de imagen positiva, en octubre sube al 74% como efecto de los golpes atestados a las FARC –la muerte del “mono jojoy”- y, en una reciente encuesta, la popularidad se sitúa en el 87%, reconocen y valoran los colombianos la calidad de su gestión y, fundamentalmente, creen en que cumplirá con las promesas electorales.

En tres meses Santos ha logrado, de manera contundente pero no traumática, un cambio en las dinámicas y los temas precedentes, en el estilo de gobierno y un desmarque de Uribe y, prácticamente, lo ha dejado fuera del juego político de su gobierno. Cambio iniciado con la propia conformación de su equipo de gobierno, más estructurado con la lógica de la experticia y la meroticracia, aparece la imagen del Santos gestor, que le apuesta al buen gobierno y a la eficacia. En los nombramientos de sus ministros, prioriza y envía señales claras de lo que será su agenda de gobierno: en primer lugar, recomponer y redefinir las relaciones exteriores, con los vecinos y con los Estados Unidos; en segundo lugar, el fortalecimiento de las instituciones democráticas, con el restablecimiento de las relaciones con el poder judicial, expresando su respeto y su confianza, sin temor alguno, y así sucesivamente van llegando los otros temas.

Sus grandes temas sociales vienen de la mano de las leyes de Tierras y de Víctimas, buenas excusas para enfrentar un revolcón del sector agrícola y, nuevamente, otro mensaje a Uribe de ruptura con sus posturas en estos temas, al parecer se está transitando de la lógica de “le entregamos la tierra si usted señor desplazado demuestra que esto era suyo” a la lógica de “señor propietario, demuestre que esto es realmente suyo”.

Le apuesta claramente a la transparencia estableciendo un decálogo de “ética pública”, tema que se hace más importante aún, cuando estamos viendo la cantidad de escándalos acallados o a punto de explotar, con los que se están encontrando el nuevo equipo de gobierno en cada dependencia, en lo que va corrido de gobierno ya se han destapado 9 “ollas podridas”.

Aunque estamos ante la típica “luna de miel” de los gobernantes en sus primeros meses de gobierno, la “luna de miel” de la transición de la “Seguridad Democrática” a la “Prosperidad Democrática” de la mano del “Buen Gobierno” con un “Estado eficaz”, principios del plan de gobierno, no era Santos el sucesor de Uribe, ni para Uribe ni para el mismo Santos, y eso ya es evidente. En estos 100 días, Santos ha mostrado habilidad y audacia, ha dejado ver su capacidad, tanto en lo técnico, como en el manejo de lo político, no ha defraudado ni a los “santistas” de origen, ni a los que no lo somos, queda la duda de la permanencia y consolidación de todas estas semillas de cambio.

Lucía Nieto

Investigadora de la Fundación Ortega y Gasset

Lucía Nieto es investigadora de la Fundación Ortega y Gasset.

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